lunes, 3 de febrero de 2014

Versos apátridas III


Llega el tiempo
en que hay que anteponer 
decisiones a comodidades.
Me han dicho que calle, 
me han dicho que omita, 
me han dicho que baje los ojos
y la guardia,
me han aconsejado pastar en despoblado
para comer mansamente mis esperas. 
¿Quién calla?
¿Quién se inquieta?
¿Quién ha dormido en una cornisa?
Calla la boca cuando besa,
calla el poeta cuando no escribe,
calla el libro cuando cierra sus puertas
a la curiosidad de la vista, 
callan las ovejas y los pastores,
calla el musgo 
y calla la gente
que ha crecido al amparo
de la angustia.

sábado, 18 de enero de 2014

SEXO XXIII


He aquí lo que jamás 
ha podido suceder por coincidencia.
Sobre mi una garra, una sorpresa, 
una habitación carcomida de silencios,
una voz de hombre, cinco falanges,
cinco gusanos de seda
caminando sin rumbo aparente
a un mismo destino.
Soy carne en pie de guerra
y pierdo
inevitablemente la batalla; 
mis huestes han sido devastadas
y mis brazos se abren
en el instante preciso en que,
desnudo,
fálico y bello
has logrado detener el tiempo,
las sombras
y el desamor
que tantas veces durmió 
al lado izquierdo
de mis viejas soledades.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Mi lista de promesas para ser feliz

Voy a celebrar 
mi absoluta esclavitud a la vida, 
voy a cauterizar cizañas, 
voy a hacer un listado de promesas 
que cumpliré fielmente. 
Prometo no mirar atrás
ni siquiera para recordar los teléfonos
que he perdido, 
la gente que se ha marchado
y las decepciones que no me han sorprendido.
Prometo ser tolerante 
con quién no entienda mis poemas
y de forma algo aplanada asuma
que estoy hablando de mi misma 
cuando estoy hablando de la tierra,
de una hoja en el suelo,
o de una esquina que se ha clavado 
involuntariamente entre mis lineas.
Prometo no ser promiscua, 
prometo colocarme limites 
con la gente ruidosa y prepotente, 
prometo descartar desde ya 
todo el sartal de frases inicuas
que abundan en el nuevo castellano.
Prometo escribir
con absoluta fidelidad a mi misma, 
seguir oyendo música clásica,
seguir leyendo buena poesía, 
seguir lavando mi ropa, 
seguir caminando 
hasta que mis músculos protesten,
seguir ignorando lo que no me interesa.
Prometo ser tan honesta 
como las circunstancias me lo permitan 
y cuando ya esté muy vieja,
igual de sola, igual de poetisa,
prometo tejer una red, 
un atrapasueños hecho de mi cabellera 
para salir al sol, al atardecer, 
a cantar canciones que he olvidado, 
a buscar silencios que me han dicho
que yo soy y seré feliz
porque no me ha quedado 
otra salida.

Emilia.


sábado, 7 de diciembre de 2013

Gestual XXII

Han firmado el decreto
que me sentencia por enésima vez
a muchas lluvias.
Yo soy la aniquiladora de piojos,
yo soy la manzana envenenada
que ha llenado de gusanos al poema, 
yo soy la pandemia que desola ciudades,
el hilo de sangre entre las piernas 
de las ninfas desvirgadas; 
yo he inventado 
el más novedoso sistema 
para despellejarme a mi misma 
arrojándome de cabeza por el excusado.
El colmo se ríe de mis lunares
y sobre mi llueven 
todas las piedras de las manos, 
toda la inmundicia del cieno, 
toda la histeria colectiva. 
Así me gira el mundo
cuando está de cabeza; 
en consecuencia, 
hagamos lo que se ha dispuesto, 
que siga el cosmos 
mostrándome la noche, 
que siga el llanto que no es mío, 
que siga tocando la orquesta.
Yo, que he sobrevivido 
a toda la maldad humana
no seré un rompecabezas
y cada pedazo de inmoralidad, 
cada nube pasajera, 
cada desprecio infame
 lo convertiré en poesía. 
Si ha de llover,
que llueva.

Emilia. 

domingo, 1 de diciembre de 2013

Me senté a contemplar el mar

Me senté a contemplar el mar, 
por obra de un capricho ensimismado.
Me deslicé por una especie de tobogán 
hecho con los escombros de todas mis tragedias. 
La arena; más blanca, más grumosa,
se sujetó insistente a los dedos de mis pies 
en un ardid por escapar 
e irse conmigo de polizón.
La espuma se asemejaba 
a esa orilla de sal envejecida 
que se acumuló alrededor de mis ojos, 
de mis juguetes perdidos,
de los huesos abandonados 
y las oraciones que no se olvidan.
El viento, a pesar de mi ausencia
se detuvo un rato y me saludó 
con esa clásica mueca
que te roza la mejilla y se va. 
Han volado los pájaros 
que sin nada que decir, mucho han contado 
en sus alas brillando sobre el agua.
Me senté a contemplar el mar
y a pesar de toda mi aflicción, 
de tantos recuerdos apretujados 
en una bolsa rota, 
una media sonrisa se dibujó en mis labios, 
una mano secó mi tristeza, 
porque solo llegué a pensar
 y es el mar 
el que me piensa.

Emilia.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Lo que dijo la grieta

Debo reconocer 
que la lentitud de mis horas se agudiza,
que el silencio siempre dice la verdad, 
que las personas mienten,
y la conveniencia 
se ha sentado en lugar de la poesía.
Mi caja de fósforos es un caos,
mi cama es un ataúd,
la cesta de basura se colmó a tal grado
que me ha llenado el corazón
de toda su prolija pestilencia 
y ese olor provoca nauseas,
inundaciones y pactos secretos,
provoca mucha tristeza, 
provoca una pérdida de fe devastadora.
Debo callar,
debo salir y permanecer unos instantes,
cabizbaja,
rindiéndole homenaje a mis zapatos, 
a mis lentes, 
a ese muro que soy en ocasiones,
al rincón que es mi hogar.
Debo agradecer
las bondades que recibo
por ser tan solitaria, 
pues es todo mío el privilegio
de seguir pariendo poesía
a costa de tanta infamia.
De todas las confesiones
que he escuchado
la verdad más terrible me la ha dicho la grieta,
la maledicencia, el destierro, 
la linea demarcada por la comodidad
de un lado
y mi silencio del otro.
Debo morir otra vez, 
debo recoger mi cadáver, 
debo ir al baño,
debo enterrar las heces de mi asombro 
mientras observo las sonrisas forzadas,
mientras me quedo a solas
con mi inquieta manía de escribir.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Elegía a mi misma

Demasiada claridad se asoma
por la ventana, 
demasiado calor, 
cientos de botones y cerrojos que jamás fueron 
el legítimo color de la muerte.
Me aproximo a la historia que no está,
miro el corredor que lleva al patio, 
corre un cauce de lava
sobre la cubierta del libro
que tanto leía, 
suena el llanto quedo de mis ramas. 
Sobre mi, una sombra, 
sobre el escritorio de caoba, la pluma fuente,
sobre la mesa de la sala, unos labios agrietados, 
sobre un barril sin fondo, mi vida
y la tuya.
Demasiadas nubes nos arrancan el cielo.
La carne que nos condena,
esa que hoy me juzga, destruida, 
 arrastra un lastre de versos 
que no me dejan sola, 
un aullido en la calma, un sueño
que no despierta, 
un cero sin sentido,
una vida que se esconde. 
Hay pestes que nos corren por las venas,
hay silencios que mucho nos dicen,
hay amores que nada nos quieren.





viernes, 22 de noviembre de 2013

Cierra la caja y corre


Sonríe,
es necesario que lo hagas
para que nadie toque los ojales
del centenar de agujas que nos clavan
los hilos del destino. 
Háblame, 
sé una parte, una décima,
un lirio sobre un charco de hule, 
una noche interminable,
una hora equivocada. 
Saluda, para que las paredes digan 
que eres el Louvre, la venus dormida,
la cascabel que tengo en los dedos.
A las gotas de lluvia, 
a esta frecuente sensación de sueño
se interponen tus manos hábiles, tus dedos
que han marcado una linea imaginaria 
en mis pezones,
un primoroso centro de mesa 
hecho de tu sudor,
de esa cálida miel que brota entre tus piernas.
Lléname de toda la esclavitud 
que amarra al lecho, 
asume
que se ha hecho el mundo para ti exclusivamente
y que todo lo que anda y respira, 
todo lo que muerde y gime,
es cosa tuya.
Y al final, 
cuando ya se hayan resuelto 
todos los acertijos y ansiedades,
cuando ya me hayas bebido 
hasta el fondo del vaso, 
déjame sin más explicaciones. 
Da la espalda al abrir la puerta, 
coloca tu brújula en ángulo medio 
y corre,
cierra la caja y corre, 
sonríe y corre, 
invoca a tus miedos y corre, 
sigue saludando y corre, 
que mi mayor felicidad, 
es volver a estar sola.


Emilia.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Un titular en mis venas

Lo acabo de leer,
la noticia ha corrido como pólvora
en los diarios de mayor circulación
por mis venas abiertas. 
Tu nombre, cuervo, subrayado, 
en grandes caracteres
Times New Roman 40 
ha sido expulsado de mis carnes,
de los manteles rotos de mi frente,
de este cuarto sin clasificados ni crucigramas
que se ha ido a pique.
No volveré a leer periódicos teñidos 
de infaustas noticias, 
no volveré a buscar aviones siniestrados
ni secretos de belleza
y aun a riesgo de inmolarme yo
en el pantano verso que me escribe, 
recibo dignamente 
una primera plana por toda despedida. 
Ante la magnitud de los acontecimientos 
he decidido restearme 
y he dejado que el perro se meara 
tu camisa favorita,
he barrido hasta la médula el polvo
del eterno desorden que dejabas,  
me he comido tus chocolates,
he preparado una hoguera
y en el patio que jamás barriste 
mandé al mismísimo infierno
las cajas donde amontonaste
 todos los periódicos viejos
que no han podido seguirte. 

Emilia. 

martes, 19 de noviembre de 2013

Las hojas de té verde


Un día quise apartarme de lo conocido, 
le jugué una mala pasada a mi café
y ante el sonido del agua hirviente
decidí equivocarme 
para tomar una taza de té verde.
La primera impresión fue de extrañeza, 
la fiera rutinaria hizo una mueca,
el primer trago fue un despegue fallido,
pero al rato reaccionaron mis papilas 
y en mi boca
se estacionó por un rato la calma, 
las ganas de tomar otro trago, 
la cima de algún Himalaya
y un inesperado deseo de escribir.
Que extraña propiedad la de las hojas
que han condensado en sus frágiles estíos
una porción de soledad que nos consuela
e invita a sumergir una por una
las estrecheces de antiguas mocedades.
A pesar de todo, he retornado a mi café, 
al negro recio que me despierta las ganas
pero de vez en cuando
me obligo a desentumecer tanta costumbre
y voy directo al agua caliente,
a la raíz del olvido,
a la suavidad en flor
que se esconde, 
sin aditivos químicos, 
en las hojas de té verde.

Emilia.