viernes, 22 de julio de 2011

NADA CAMBIA


Nada cambia, todo permanece.
La tristeza siempre luce el mismo traje,
la soledad se condena a estar sola,
la risa y el festejo se fueron de gira,
mi reflejo siempre es el mismo:
Negro, deforme.

Sufre el pensamiento
por la derrota de las horas,
que en su eterno vaivén me van dejando
el espejo de nostalgias y nostalgias,
tristezas y tristezas.
Se visten de ceniza mis cabellos,
mis ojos se entrecierran, 
y nada cambia que alivie los acordes
de una melódica voz que en lo profundo
me arroja por callejuelas desiertas,
páramos helados
y horizontes demasiado distantes.

Todo permanece
en los rincones recónditos del tiempo,
todo queda;
cada lágrima que se derrama
es exactamente igual a la siguiente.
Todo sigue, cómo el rugir de las fieras,
que a diario me atormentan en mis sueños.
Nada cambia en la espera
del barco de Caronte en la playa
diciéndome que el viaje ya se inicia,
buscando en otra vida mi futuro.
Aunque solo por hoy,
nada cambie.

PARA Mí


Escribo para mí, para mis ojos, 
sobre un cristal dormido en mil susurros,
hacia la ruta extraña de los pasos
de quien camina sola por el mundo.

Por no querer saber de nadie nada,

así lo escribo y quiero, así lo juro,
por ese sol que siempre me ilumina,
que de mis versos no sabrá ninguno.

Para mí solamente este momento,

para mí solamente una plegaria,
buscando rescatar desde el olvido
lo que no vale ni ha valido nada.

Sin ver mi negra vida con desprecio, 

la vida solamente me acompaña.