domingo, 15 de enero de 2012

LA MARGARITEÑA

 
Igual que lo hicieran mis antepasados, 
 recorro la orilla sintiendo el aroma
del aire que lleva la sal de la espuma, 
llenando mis versos de música y lira.

 He visto veleros a ras de gaviotas,
tritones que habitan en barcos hundidos,
fragata en el aire, ladrón de tesoros,
 llevando en su vuelo las aguas dormidas.

 En viejas memorias escribo. De pronto,
me vi siendo niña, jugando en la playa, 
y un nombre me dieron: La margariteña.
 
Y desde el crepúsculo de mi Juangriego
se escucha en el muelle la voz de mi madre,
pidiendo a la Virgen por todos nosotros.

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