lunes, 27 de agosto de 2012

Y QUÉ SI NO QUIERO

Lo acepto;
lo digo sin pelos en la lengua:
No me gusta limpiar,
no me gusta hacer la fila del banco,
del pollo y del conformismo,
no me gustan los rebaños,
no me agrada ser oveja.
 
No me da la gana de poner nombres,
brújulas, hitos, señales
de alerta,
índice, números y estructura 
al negro de mis cejas.
 
Y qué si no fuera así, pregunto:
¿Qué pasa si los puntos cardinales
no nos dejan llegar a parte alguna?

 
¿Qué pasa con las reglas, que
en su "reglitud"
acortan, asustan,
obstruyen el encuentro
con el santo rosario de las cuentas
regadas en desorden, 
declaradas en desacato, sacándole
los ojos a más de un paradigma?

 
Qué pasa 
si no quiero ser borrego, 
¿Qué pasa si soy libre y soy poeta? 
 

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