domingo, 9 de septiembre de 2012

CIRCO TRISTE

Me han dicho esta mañana
que el último desfile 
del circo más triste del mundo
pasará por el frente de mi casa. 

He salido a mirar
y se juntó el dolor con las cotufas. 

Fui cobarde; ardieron mis canas 
oyendo los gemidos de las cebras, 
las lineas de un tigre solitario, 
el marfil de elefantes caídos, 
el armamento de guerra.

No quise decir nada; no quise comer 
 algodón de azúcar,
me negué a ser 
parte del mundo terminal, 
me resistí a mirar en sus gestos 
al ser inexplicable que es un mimo; 
a la estúpida facha de la muerte.

Dejé al desfile alejarse, 
dejé a los equilibristas 
caer de la cuerda floja, 
dejé de compadecerles
porque entendí
que la sangre pasa, se nos pega 
del sentir
y a nadie le importa 
que unos criminales
nos despojen de toda la alegría.  

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