martes, 4 de septiembre de 2012

LA REINA DE LA NOCHE

Cerré la puerta, te quedaste
mirando todo a tu alrededor.

Apagué la luz, te encendiste tú,  
y pude ver en la penumbra
los delicados pliegues de tu espalda. 

No sabía que hacer; tonta,
paralizada, muda,
desde un punto aproximado 
al este de tus ojos, 
desde un rincón 
de mi respiración ahogada. 

Arrasaste campos y ciudades, 
ungiste mis sienes 
con el oleo ambarino de tu boca,
te burlaste de mis orejas,
sometiste el miedo
 de mis manos cerradas, 
cantando un repertorio de gritos 
y obscenidades.

Luego, 
en la inevitable mañana
echaste a volar un beso 
que desapareció contigo. 

He permutado, 
dejé que pasaran todas las edades
y aun sigo pensando que esa noche 
fue siempre anoche, 
y que tú sigues viva, sonriendo, 
en la profundidad de mi memoria.

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