lunes, 1 de octubre de 2012

AVERGONZADA

No me avergüenzan mis canas, 
no las teñiré de negro, castaño
o borgoña. 
Me avergüenzo de todo aquello 
que no hice 
porque tuve miedo; miedo 
a moverme, a caer, 
a levantarme. 
 
Quiero avergonzarme de tanta
decepción 
donde, a pesar de mí, 
subsisten despojos de viejas locuras.
 
No me avergüenzan mis raros 
oficios, profesiones, mudanzas
y ausencias;  
no quise ser recepcionista, 
no quise ser la estrella
de algún supermercado, 
no quise vender refrescos
y diarios, 
no quise escribir 
con mi mano derecha, 
no quise morir por mi culpa.
 
Sentiré vergüenza de mi debilidad
y de mi vista corta  
porque, sin más excusa 
que mi carne, 
mi piel de naranja, 
y mi afición por el café, 
no alcancé a presentir otro destino 
ni otras nubes 
que no me inspiren hoy, 
aquí y ahora, 
un recuerdo, un lápiz en la mano 
y un poema.

5 comentarios:

  1. Y sin embargo, aún queda tiempo para desenterrar los sueños, para sepultar los miedos, para probar la fuerza de levantarse, porque la vida todavía no dijo "Se acabó tu tiempo" ¡Bravo, Emilia, un placer este sofismo que dice mucho más de lo que se puede leer!

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  2. Se nace con ese don de la transmisión de la palabra, Emilia. Aquí se da fe de ello, en esta casa.

    Un abrazo de otro loco del café.

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  3. Se nace con ese don de la transmisión de la palabra, Emilia. Aquí se da fe de ello, en esta casa.

    Un abrazo de otro loco del café.

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  4. Qué gran recorrido de unos miedos y unos logros.
    Me encanta este sincero tinte de sueños y poemas.

    Mil besitos.

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