lunes, 22 de octubre de 2012

DESDE EL SUELO

El duro cemento es mi espejo,
allí me arroja tu puño cerrado,
mis ojos casi no te presienten, lloro
y me lamento quedo,
para que no me oigas.
 
Ante tí me arrastro 
mansamente,
mis pechos son estambres 
de dolores,
toda mi alma 
una sombra indigna.
 
No merezco que me ames, 
no me dejes 
a expensas del olvido,
que yo he de perdonarte tus errores
una y mil veces.
 
¡Que importa ya!,
el dolor pasará, 
tú me abrazarás, 
y me penetrarás con todo tu odio. 
 
Moriremos juntos
en un orgasmo asfixiante,
volveré a decirte que te adoro,
y tú te vengarás del mundo
cada vez que me lleves
a la hoguera.

1 comentario:

  1. Puede ser Emilia un mundo así en la intimidad de dos almas que se saben apoyo aún en las miserias, en lo mas gris de sus emociones, ambas lado a lado, en nadie mas podrían confiar de esta manera.

    ResponderEliminar