martes, 30 de octubre de 2012

LA RECUA


La vía de acceso al poblado 
es recta y angosta, 
en los bordes del camino 
solo sobresale la hierba. 

La superficie de la carretera es lisa, 
de aspecto muy suave, 
pero al llegar al campo de maíz 
se torna rugosa, desmembrada, 
con numerosos huecos y altibajos. 

Al ocaso se refleja 
la escasa luz en un manantial 
de aguas tranquilas, 
que a veces el viento mueve. 

Un cobertizo de madera 
flanquea la entrada a la estancia 
y el camino se torna amarillo 
por el color de la tierra, 
mucho más clara y arenosa. 

A lo lejos se ve la recua. los labriegos 
recogen aperos, arrojan piedras 
de los surcos, aran los campos. 

Miré sin parpadear hasta donde el camino 
termina en una reja alambrada, 
atenta siempre al cortejo de sembradores, 
hasta que ya no pude verlos más. 

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