miércoles, 30 de enero de 2013

MÁS QUIERO A MI PERRO

Como arden los amores, cómo queman.
-Te quiero, tú me quieres- nos casamos,
para luego llorar porque nos dejan
con la celeridad que canta un gallo.

Es cierto que no somos los primeros

hundidos en las nieves del olvido
y por buena fortuna, te respeto,
con la sinceridad de un buen amigo.

Yo vivo sola, sí, conmigo el perro

que ayer me regalaste siendo novios.
Tú no has escarmentado, por supuesto,
ya vas rumbo a tu quinto matrimonio.

Recuerdo que lloré cual Magdalena

mientras el cachorrito me miraba,
él fue mi compañero en la tristeza
y hoy duerme al lado izquierdo de mi cama.

Con él voy a la playa y en mis viajes

no hay sitio que no hayamos visitado,
y desde El Partenón a Buenos Aires
no hay árbol que no hayamos orinado.

Disfruto los espacios en mi vida,

escribo por las noches, como, duermo,
y suelo retorcerme de la risa,
pues si te quise a tí, más quiero al perro.

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