viernes, 22 de febrero de 2013

DESOLADA

La puerta me ha dejado ver el porche 
de la impasible casa desolada, 
su corazón es lóbrega morada 
del ancestral espectro de la noche. 
 
Tú fuiste el dulce hogar que dio cabida 
a mi niñez feliz, inolvidable; 
albergue del amor tu rostro amable, 
testigo mudo de una loca vida.
 
La sangre se ha secado en tus entrañas,  
los pisos, las paredes, los balcones,  
aquél punto de cruz hecho jirones 
que se quedó a merced de las arañas.
 
Te lastimé por tantos desamores,
¿Tendrás piedad de mí si te rogara?
Mi madre, la que todo perdonara, 
jamás me abandonó por mis errores. 
 
¿Tendrás misericordia vieja casa 
de que por mí corrieras tan vil suerte? 
Qué triste ver tu solitaria muerte 
y triste ver que así la vida pasa. 

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