martes, 12 de febrero de 2013

NO FUE EL AMOR

Cada vez que miro ese hotel 
siento un grato sabor en las entrañas. 
No se me olvida donde estuvimos, 
hace dos pisos arriba y muchas noches abajo.
 
No planeamos reservar habitación, 
pero lo hicimos. 
 
Nos arrancamos los relojes de pulsera, 
se partió sin querer tu cinturón de cuero 
y nunca supe donde fueron a dar 
mis panty medias.
 
Nos hemos desnudado 
con esa torpeza muy propia 
de los preámbulos eréctiles
y nos hemos asesinado a besos 
como si estuviéramos en medio 
de una bacanal de gatos, 
como estrellas de películas porno. 
 
No nos apagó nada, ni la jarra de agua 
en la mesa de noche, 
ni mis instintos perversos, 
ni el aire acondicionado a toda velocidad, 
ni tus preservativos sabor a fresa. 
 
No perdimos el tiempo, 
no fue el amor lo que nos llevó allí, 
fue el síndrome del ying y el yang
o los aleros huecos. 
 
Fui yo, que razonablemente 
me obsesioné por ti; 
y fuiste tú, que llenaste vaso a vaso, 
cada una de mis fantasías. 

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