jueves, 14 de febrero de 2013

SIEMPRE FUI YO

Te respiré desde siempre, te aguardé desde niña. 
Te imaginé como un super héroe 
de comiquitas 
en cada garabato que dejé 
sobre los pupitres 
y los troncos de los árboles. 

Soñé en días de mocasines 
y cubos mágicos 
como llegarías 
con tu capa ondeando sobre el viento 
para salvarme del colegio y los deberes.

Sospecharon entonces las puntas de mis lápices
el lago de agua dulce que tal vez sería tu rostro, 
el cuento de Arabia 
que me contaría tu boca.

Cantándole canciones al techo de mi cuarto 
te esperé, te di los buenos días, 
te vi en las películas en blanco y negro, 
en cada telón del teatro de los jueves. 

Así eras tú para mí, una panacea de mango, 
porque sin conocerte, te amé cierto y presente; 
y a más de una hiena le permití 
que arrasara con todo 
por creer que eras tú, por pensar 
que ya habías llegado. 

No fue así, nunca toqué tus orejas de vulcano. 
Y es hoy, cuando deseo estar sola, 
cuando solo quiero hablar por escrito 
desde el pentágono que me contiene, 
que lo admito:

Ese amor que tanto esperé 
no era un hombre, una mujer, 
un centauro, una mutante 
o un virus. 
Ese amor era yo, era yo... soy yo.
Siempre fui yo.

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