miércoles, 27 de marzo de 2013

BIZCOCHO

Amanecí sobre la mesa, esperando.
Sin velas,
sin encendedores, 
sin nombres ni marcas de nacimiento, 
sin pieles oxidadas 
que no se disimulen 
en capas de mazapán. 
 
Con entusiasmo pero sin prisa, 
porque no hay razón 
para correr;
–Amorenada–, 
en una especie 
de baño azucarado 
que aun no termino de asimilar. 
 
¿Fluimos?, ¿Levamos? 
Yo creo que si. 
Nos ha tocado crecer en un infierno. 
 
Acepto que a veces 
escribo como un bizcocho 
salido del horno: 
 
Estoy lista, 
que llegue el cuchillo,  
que cada quien tome un trozo, 
que me muerdan, 
que me ahoguen en una taza 
de chocolate, 
que se detenga un siglo la amargura 
y el desayuno se llene de poesía.

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