sábado, 2 de marzo de 2013

CUANDO TÚ ME DESPIERTAS

No se ha callado tu voz, 
la misma que abriera los cerrojos 
de mi confusa vida. 
 
Me cantas las mismas canciones añejas, 
me serena escucharte, 
me haces sonreír como una niña.

Se ha demolido aquel muro, madre, 
se han desgastado las penas 
y muy temprano, cuando despierto, 
no estoy sobresaltada por el miedo
porque sé que tú me sigues 
y me alientas. 
 
Cuantas miserias se han alejado,
madre, 
no me quedé sentada en esa esquina 
esperando un milagro,
una emboscada
que me partiera en dos y se llevara 
aquel delirio de opio de mi mente. 
 
El camino es tan largo y empinado 
que por instantes siento 
que no me dan las fuerzas, 
pero has volado al borde de la cama
como el genio de la botella 
y has dicho: "Sigue, tú si puedes". 
 
Y yo, que sobreviví a mi propia guerra, 
que limpié mi alma y mi carne 
de toda la impudicia callejera, 
que dije adiós para siempre 
a una muerte en vida, 
no me acobardo ante la suerte. 
 
Tu me lo has dicho, madre: 
"Sigue mija, sigue" 
Por eso empujo 
los pesados portones
de mis dudas, 
por eso, inquieta, 
me precipito a una taza de optimismo,
por eso escribo en la noche 
cuando tú me despiertas.

4 comentarios:

  1. LOS PESADOS PORTONES....
    Dicen tanto que personalmente me conmueve, porque veo al ser y la fuerza interior aùn ante la duda...
    Mi admiracion Emilia.

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