miércoles, 27 de marzo de 2013

DULCE SEÑOR

Cómo nos hace falta tu regreso
al ver el mundo ahogarse en un abismo. 
Errante Nazareno, no es lo mismo 
sentir tu voz de cerca, lo confieso. 
 
Por un instante el alma en su embeleso 
camina por la senda del calvario, 
y se aferra doliente a ese rosario 
que va profetizando tu deceso. 
 
Yo renegué de ti tan locamente 
 en los errores crasos de mi vida,  
hoy pido suplicante, me perdones.  
 
Y sin mirar mis vicios, dulcemente, 
cargaste en esa cruz también mi herida, 
lavando  mi sufrir con bendiciones.

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