viernes, 22 de marzo de 2013

EL SABOR DE LA GUAYABA

Un sabor 
que se disuelve en la boca,
un viaje que se inicia 
en la punta de la lengua 
y se va de excursión 
por la garganta.
 
-Cascos de panela-
haciendo cabriolas 
hasta llegar al fin de la semilla. 
 
Un vaso de color enrojecido
que conforta la añoranza 
por su pulpa tierna y suave. 
 
Un momento 
que me reconcilia con la tierra, 
con el árbol parido 
de recuerdos. 
 
Dulce, muy dulce, 
la humilde guayaba 
rugosa como el tiempo, 
teñida en la memoria, 
cortada en finos gajos 
en el fondo del patio inolvidable. 
 
La fruta que me toma por asalto, 
como ese tropel de caballos 
pintados de verde 
que tanto disfrutaba 
de pequeña. 

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