viernes, 26 de abril de 2013

TABLA DE TRINCHAR

Has tendido mi cuerpo 
en la tabla amarilla de trinchar,
vendiste la vajilla 
a cambio de un rompecabezas,
proliferan pararrayos, 
ciclo de vientos que rugen 
y permanecen contando hilos, 
agujas y pañuelos. 
 
Me inquietan unos pasos,
dedos de Marte enfurecido, 
palmas sin lineas ni huellas dactilares 
que escriben el verso 
de la noche. 
 
Sexo en una bocanada, 
oxígeno de curvas mullidas,
boca que sorprende y ahoga.
 
Amante, 
¿Para qué me retienes?
¿Para qué trajiste flores y ternuras?
si hasta la limosna huye
porque no es asunto de dar
ni recibir, 
es la necesidad de amar
y partir
justo en la frontera, 
el punto cardinal
donde la muerte aguarda. 

Somos tallo y nervadura.  
El suelo 
es lo único que nos anhela. 

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