miércoles, 17 de abril de 2013

LA PUTA DE LAS FLORES

Si el tráfico es muy fuerte y te retrasas
camino de tu casa por la troncal doce
podrás verla caminar, flaca y envejecida,
fumándose un chicote que levantó
del suelo,
con un arete de la inquisición
en el ombligo,
con una flor blanca en el cabello
donde hace años estalló la sobre población
de piojos y liendres.

Los chicos del liceo la molestan,
la hacen proferir maldiciones,
los más precoces se acuestan con ella 
por dos centavos,
los más cobardes se la llevan
al profundo monte
para que chille como los becerros
y abra los ojos como la gatas
cuando se mueren de hambre.

Nadie sabe su nombre, 
nadie se imagina que solo ella
tiene el poder de cambiarse las medias 
y sacar el dinero
sin que el cliente lo note.

Nadie se aproxima 
a la meta de mantener la erección,
porque la calle es tan cruda, tan magra,
que solo la puta de las flores sobrevive.

El resto huye, se disecan,
se callan la boca y ni mencionan
que una vez se calentaron
con ella
y en la parte más emocionante,
cuando ya reventaba
la llave del agua
se les cayó el pene de los pantalones.

1 comentario:

  1. Como siempre la hermosura de lo real supera lo bien escrito del poema, ya lo decía: el indudable encanto de una historia, hace olvidar lo bien o mal que se pueda contar... me encantó.

    Abrazo.

    Hortensio Farwel.

    ResponderEliminar