lunes, 22 de abril de 2013

NIÑA DE MIS OJOS

No se va, no se ha marchado
la lluvia de su escondite, 
no me despido más nunca 
de los versos que escribiste. 
 
No se termina la espera 
que a veces me ha perseguido, 
ni la sensación de lluvia 
por la soledad que vivo. 
 
Qué vivo, ¡Qué vivamente 
me alumbran las tempestades!, 
gotas de cielo en las noches 
gimiendo tras los portales. 
 
Llora la puerta cerrada, 
llora el niño castigado, 
llora, niña de mis ojos, 
que te secas en mis manos. 

Lloro porque irremediable
no retorna lo perdido, 
lluevo de las sienes llanto 
cuando existe un buen motivo.

Rima en la lluvia las ramblas
que confunden la razón,
y un aliento nos alivia
y nos diluye el dolor.
 
Moja la lluvia los dedos
que señalan mi camino, 
agua que cayó y me baña 
cielos, nubes y destinos. 

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