lunes, 20 de mayo de 2013

LENGUAS, A SECAS

Las lenguas han hecho casa. 
Solo casa, a secas. 
 
En la entrada, algunos grumos de tierra 
apisonada y deglutida 
sirven como macetas
para sembrar tréboles y cactus 
que adornen la sala. 
 
La hermosa residencia 
tiene baño, televisor, juegos de vídeo, 
salón de lectura
y un rombo espejo 
para que todas se miren, 
una biblioteca
para que todas lean
y una salita de té
para que todas conversen; 
a la biblioteca van algunas, 
al televisor, pocas,
pero a la garganta van todas, 
a escondidas,
como dientes de sable, 
como hojillas calientes.
 
Un mañana 
se inundó la casa 
por culpa de un chorro de lejía, 
una entraña abierta, 
un pie fracasado y maloliente.
 
Llamen al pedicurista, 
llamen a las linfas 
y a las musas del barroco;
quitemos la máscara a este pie
de atleta, 
ocaso de la obesidad,
que nos ha dicho lenguas largas,
lenguas del renacimiento, 
lenguas retorcidas, 
lenguas moras,
lenguas necias. 
 
Que no nos diga más nada, 
nosotras somos
lenguas, a secas. 

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