sábado, 4 de mayo de 2013

OREJA RENUENTE

Escucha, oreja renuente 
que te niegas a admitir lo que te irrita.  
Oye una vez más, no se te ocurra 
contrarrestar el canto de cobre y aluminio 
con tus balas y tambores 
o enviar a la manada de dientes 
a suprimir el sonido de las ollas, 
las cucharas que golpean, 
la conciencia que se alza. 
 
Escucha, aprende,
para que sepas 
quien tiene el poder en esta hora.
No te asustes
con el tintineo que sale de las casas, 
de los balcones, 
de la calle que responde, 
gallarda y altanera.
Escucha atentamente los clamores 
y la viva protesta de las manos. 
 
No te escondas 
en el perfume Chanel tan comunista, 
el escocés doce años 
y el fino Montecristo que fumas 
celebrando tu victoria, 
celebrando las fauces de los perros,
el anuncio de más hambre,
más miseria,
más barrotes, 
más disparos en las sienes. 

Pobre del sordo
a todo lo que no sea su codicia, 
pobres orejas con dijes de piedra, 
pobres bocas que muerden inocentes,
porque cuando ceda
el dique de las aguas, 
se irán al fondo 
sin derecho a réplica.

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