sábado, 4 de mayo de 2013

PENÉLOPE

Durante siglos hiciste del mar 
una insaciable espera,
en tus dedos se ha detenido un filamento 
lleno de versos rotos
para llenar una taza de pasión 
en estas horas.
 
Allí estás Penélope, a la orilla de Ithaca, 
al fondo de las musas risueñas, 
llevas en la mano un libro, 
un beso robado, 
una ilusión ciega. 

A veces has bordado en ese libro 
un abrazo sin pausa, 
un sentir prolongado, 
una hija ausente que te añora, 
un amor sin fronteras.
 
Eres y estás Penélope, al unísono: 
transmuta tu carne entre realidad y quimeras, 
te has recostado un momento en la playa 
y a todos cuentas 
que al recitar tus poemas dices 
sin inmutarte:
A qué vinieron... 
 
Es muy fácil. 
Hemos venido a amarte, 
hemos venido a llenarnos de tu vida, 
hemos venido a escribirte, a rogarte
que nunca jamás cierres tu libro, 
que siga la guerrera
decretando en sus versos 
que Penélope ha soltado su cabello, 
que Penélope es libre
y poco importa 
que Ulises vuelva. 
 
A mi amiga, Jacqueline Guerreiro. 

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