martes, 14 de mayo de 2013

VERSO TRISTE III

La mesa perdió la batalla, 
Solo tuve que lavar un plato, 
un vaso, una cucharilla 
y unas pupilas dilatadas.

Debo regar 
mis hojas y parpados caídos 
antes de morir. 

Se puede, 
como formula mágica, 
sacar de la secadora un conejo 
que diga como puedo respirar 
con esta sensación de ruina 
que me espanta.

Puedo simultáneamente ceñirme
a la costumbre 
de tratar de dormir 
para contemplar 
como se agitan las paredes y los techos, 
como se hace todo más grande 
cuando estoy sola.

Se puede, 
usar el desesperado recurso 
de tamizar lo que pienso, 
quitar los residuos de lo triste, 
disolver todo 
en un procesador de miedos, 
pero no han aparecido 
ni milagros ni conejos  
y francamente no creo
que eso ayude 
a enfriar la ausencia. 

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