sábado, 19 de octubre de 2013

High Art XV

(A I. R. R. y Augusto Acosta. con amor)
 
Cómo hemos esperado este momento
único en la historia,
la pasión se durmió entre hierro forjado 
y mucho trabajo. 
Sola me fui al viaje que planeamos
juntos 
para sentirte en cada remache 
de la torre Eiffel, 
en el Danubio demasiado azul,
en las calles de Hamburgo,
en el incipiente sexo de las esculturas
vaticanas, 
en la callada costumbre de amarte.
He retornado al nido
que una vez nos miró
sujetarnos a ciegas, a besos 
y al embrujo
de un amor que sin pedirlo nos reclama
una nueva mirada, 
una espontánea sonrisa al volver a verte,
un decir te amo 
sin que se claven en mi garganta
restos de pan de centeno
fermentados en tristeza. 
Has tomado en tus dedos la redondez 
de mi cintura,
y te has unido a mi a fuego vivo,
soldando en regio bronce 
cada rubor henchido de mi cuerpo,
erigiendo la colosal estructura 
que orgullosamente pregona
cuanto te anhelo,
cuanto me equivoqué al creer
que no volverias a mi 
una mañana sin excusas,
sonriendo,
diciéndome con tus ojos de Rodin:
–No te olvido nunca–


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