lunes, 25 de noviembre de 2013

ELEGÍA A MÍ MISMA


Demasiada claridad se asoma
por la ventana, 
demasiado calor, 
cientos de botones, ojales, 
cerrojos y callejones que jamás fueron 
el legítimo color de la muerte.

Me aproximo a la historia que no está,
miro el corredor que lleva al patio, 
corre un cauce de lava
sobre la cubierta del libro
que tanto leía, 
doblo una hoja blanca que se quiebra,
suena el llanto quedo de mis ramas. 

Demasiadas nubes pesan al cielo, 
demasiada piedra.
Muy poco pudimos llevar como equipaje, 
pocos dientes,
sueños, insomnios y memorias. 

Sobre mi, una sombra, 
sobre el escritorio de caoba, la pluma fuente,
sobre la mesa de la sala, unos labios agrietados, 
sobre un barril sin fondo, 
mi vida y la tuya. 

La carne que nos cubre,
esa que hoy se repliega, destruida, 
 arrastra un lastre de versos 
que no me dejan sola, 
una realidad que oprime,
un aullido en calma, un cero 
sin sentido,
una vida que se esconde. 

Hay pestes que nos corren por las venas,
hay silencios que mucho nos dicen,
hay amores que nada nos quieren.

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