domingo, 3 de noviembre de 2013

La amargura de la despedida

Cuando yo me muera
las cosas seguirán como siempre, 
los políticos seguirán hablando estupideces,
los programas de televisión
serán igual de malos, 
la gente seguirá lamentándose
de lo que no tiene remedio
y dejará de lado esas cosas que,
de valorarlas un poco,
les harían desalmadamente felices. 
 
Cuando tú te mueras, voy a llorar,
y me acostaré tres días a mirar
el techo,
y pensaré en el mar,
en el banco de peces de tus ojos,
pensaré en escribir
y tomaré agua,
para mojar un poco 
la amargura de la despedida. 

Cuando todos se desintegren
no habrá lugar
para edictos, proclamas y arrepentimientos,
el mundo se habrá acabado
y con él,
culpables e inocentes por igual.
 
Cuando cada quién tome su rumbo,
seguramente lo lamentaremos,
pero la realidad es que 
ni yo voy a parte alguna 
ni tú existes,
y con seguridad,
el único pliegue coronado de tristeza
por mi partida 
sea esa hoja de papel
llena de palabras y borrones
que tengo en mis manos
al escribir en la madrugada. 

2 comentarios:

  1. Siempre que leo tu poesía me llega como una flecha directa, me acerco muchas a veces a ti y siempre obtengo un tropel de sensaciones.

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  2. Gracias Inmaculada, un honor tu comentario.

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