martes, 19 de noviembre de 2013

Las hojas de té verde

Hoy me aparté de lo acostumbrado,
le jugué un mal rato a mi café
ante el sonido del agua hirviente
y decidí equivocarme
al tomar una taza de té verde.
 
La primera impresión fue
de escepticismo,
la fiera rutinaria hizo una mueca,
el primer trago fue un despegue fallido,
reaccionaron mis papilas
y en mi boca
se estacionó por un rato la calma,
las ganas de tomar otro trago,
la cima de algún Himalaya
y el deseo de escribir.
 
Qué extraña propiedad la de las hojas
que han condensado en sus estíos
un montículo de sabor,
una porción de soledad
que nos consuela,
e invita a sumergir una por una
las hebras de antiguas mocedades.
 
He retornado a mi café,
el etíope que despierta mis ganas,
pero de vez en cuando
me obligo,
y voy directo al agua caliente,
a la raíz del árbol,
suavidad en flor
que se esconde
sin aditivos químicos,
en las hojas de té verde.


2 comentarios:

  1. Bello....a la raíz del olvido a la suavidad en flor....felicitaciones, de inmediato puse agua a calentar.

    ResponderEliminar