sábado, 19 de octubre de 2013

High Art XV

(A I. R. R. y Augusto Acosta. con amor)
 
Cómo hemos esperado este momento
único en la historia,
la pasión se durmió entre hierro forjado 
y mucho trabajo. 
Sola me fui al viaje que planeamos
juntos 
para sentirte en cada remache 
de la torre Eiffel, 
en el Danubio demasiado azul,
en las calles de Hamburgo,
en el incipiente sexo de las esculturas
vaticanas, 
en la callada costumbre de amarte.
He retornado al nido
que una vez nos miró
sujetarnos a ciegas, a besos 
y al embrujo
de un amor que sin pedirlo nos reclama
una nueva mirada, 
una espontánea sonrisa al volver a verte,
un decir te amo 
sin que se claven en mi garganta
restos de pan de centeno
fermentados en tristeza. 
Has tomado en tus dedos la redondez 
de mi cintura,
y te has unido a mi a fuego vivo,
soldando en regio bronce 
cada rubor henchido de mi cuerpo,
erigiendo la colosal estructura 
que orgullosamente pregona
cuanto te anhelo,
cuanto me equivoqué al creer
que no volverias a mi 
una mañana sin excusas,
sonriendo,
diciéndome con tus ojos de Rodin:
–No te olvido nunca–


lunes, 14 de octubre de 2013

Placa tectónica

De que me asusto, amor, 
si tiembla el mundo
y agita con urgencia mi almohada,
y escribe un cielo azul 
en tus abrazos
y me hace desvelar profundamente.
 
De qué estoy hecha, amor, 
si llegas, tiembla
el borde nacarado de mis uñas,
al acercarte a mi con la codicia
de la placa tectónica inestable. 
 
De qué me asusto, amor, 
si tiemblo toda
al dulce roce magma de tus besos,
y no existe más boca que la tuya,
y hay un sentir telúrico
en tu ausencia,
y no hay falla ni sismo 
que te olvide. 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Ya no te pareces a Joan Manuel Serrat

La primera balada que me cantaste
me hizo llorar de felicidad;
eras idéntico a Serrat
en esos años saturados de Kennedys
y canciones de protesta.


Yo, que apenas entraba a la facultad,
recibí una bomba lacrimógena de bienvenida
y tú me salvaste de morir de miedo
secando mis lágrimas de alquimia
con tu pañuelo
borracho de Aramis y vinagre.


Llevabas tu guitarra al hombro,
la hebilla de tu cinturón de cuero
proclamaba a gritos tu virilidad,
pero eran tus ojos de bohemio
los que descubrían toda tu ternura.


Eras dulce y bello, un cuerno de marfil
librado de la matanza,
eras el vivo retrato de Barcelona,
y en cada beso tuyo
yo me sentí Lucia.


Hoy ya no somos los mismos,
-sobre todo tú-,
que de aquellas canciones de ambrosía
te lanzaste a envejecer
ahogado en amasijos de facturas,
carros nuevos, casa impecable
y vida con póliza Premium.


Ya no te pareces a Joan Manuel Serrat,
y es cierto, él también ha envejecido,
pero sigue con la guitarra al hombro,
soñador, rebelde e insumiso,
escribiendo y cantando como siempre,
y llevándose los años por delante 
con su alma libre de poeta.

domingo, 6 de octubre de 2013

Invertebrado I

No te adelantes
a la ley de las probabilidades, 
no cometas la bestialidad
de creerme muy pequeña, 
muy baja,
muy gruesa,
muy poca. 
 
No cometas el error de presumir
que puedes cincelarte un nombre 
copiando los versos de un poema 
y acusándole
de lo que primero que se te ocurra.
 
No se define el propósito
y objeto de la sinceridad
según nuestra conveniencia,
no se vale de escaleras robadas
ni se construye
con andamios ajenos, no es así
como escribe sus historias.

No me midas tan mal 
por callada,
noble y desprendida,
no presumas de lo grandilocuente
de los mocos de tu nariz,
que yo, aun sin quererlo
soy más fuerte, más
más sangre,
más poeta.