miércoles, 27 de noviembre de 2013

Lo que dijo la grieta

Debo reconocer 
que la lentitud de mis horas se agudiza,
que el silencio siempre dice la verdad, 
que las personas mienten,
y la conveniencia 
se ha sentado en lugar de la poesía.
 
Mi caja de fósforos es un caos,
mi cama es un ataúd,
la cesta de basura se colmó a tal grado
que me ha llenado el corazón
de toda su prolija pestilencia 
y ese olor provoca nauseas,
inundaciones y pactos secretos,
provoca mucha tristeza, 
provoca una pérdida de fe devastadora.
 
Debo callar,
debo salir y permanecer unos instantes,
cabizbaja,
rindiéndole homenaje a mis zapatos, 
a mis lentes, 
a ese muro que soy en ocasiones,
al rincón que es mi hogar.
 
Debo agradecer
las bondades que recibo
por ser tan solitaria, 
pues es todo mío el privilegio
de seguir adelante.
 
De todas las confesiones
que he escuchado
la verdad más terrible me la ha dicho la grieta
la linea demarcada por la comodidad
de un lado
y mi silencio del otro.
 
Debo morir, 
debo recoger mi cadáver, 
debo ir al baño,
debo enterrar las heces de mi asombro 
mientras observo las sonrisas forzadas,
mientras me quedo a solas
con mi inquieta manía de escribir.

lunes, 25 de noviembre de 2013

ELEGÍA A MÍ MISMA


Demasiada claridad se asoma
por la ventana, 
demasiado calor, 
cientos de botones, ojales, 
cerrojos y callejones que jamás fueron 
el legítimo color de la muerte.

Me aproximo a la historia que no está,
miro el corredor que lleva al patio, 
corre un cauce de lava
sobre la cubierta del libro
que tanto leía, 
doblo una hoja blanca que se quiebra,
suena el llanto quedo de mis ramas. 

Demasiadas nubes pesan al cielo, 
demasiada piedra.
Muy poco pudimos llevar como equipaje, 
pocos dientes,
sueños, insomnios y memorias. 

Sobre mi, una sombra, 
sobre el escritorio de caoba, la pluma fuente,
sobre la mesa de la sala, unos labios agrietados, 
sobre un barril sin fondo, 
mi vida y la tuya. 

La carne que nos cubre,
esa que hoy se repliega, destruida, 
 arrastra un lastre de versos 
que no me dejan sola, 
una realidad que oprime,
un aullido en calma, un cero 
sin sentido,
una vida que se esconde. 

Hay pestes que nos corren por las venas,
hay silencios que mucho nos dicen,
hay amores que nada nos quieren.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Un titular en mis venas

Lo acabo de leer,
la noticia ha corrido
como pólvora
en los diarios de mayor circulación
por mis venas abiertas. 
 
Tu nombre, cuervo, subrayado 
en grandes caracteres
Times New Roman 40 
ha sido expulsado de mis carnes,
de los manteles rotos de mi frente,
de la embarcación sin clasificados
ni dramas
que se ha ido a pique.
 
No volveré a leer periódicos teñidos 
de infaustas noticias, 
no volveré a recomendar horóscopos 
con falsas predicciones,
no volveré a descubrir
remedios contra el acné
ni trucos de belleza,
y aun a riesgo de inmolarme yo
en el pantano verso que me escribe, 
prefiero una primera plana 
por toda despedida. 
 
Ante la magnitud de los acontecimientos 
he decidido restearme 
y he dejado que el perro se meara 
tu camisa favorita,
he barrido hasta la médula el polvo
del eterno desorden que dejabas,  
me he comido tus chocolates,
he preparado una hoguera
y en el patio 
mandé al mismísimo infierno
las cajas donde amontonaste
 todos los periódicos viejos
que no han querido seguirte. 

martes, 19 de noviembre de 2013

Las hojas de té verde

Hoy me aparté de lo acostumbrado,
le jugué un mal rato a mi café
ante el sonido del agua hirviente
y decidí equivocarme
al tomar una taza de té verde.
 
La primera impresión fue
de escepticismo,
la fiera rutinaria hizo una mueca,
el primer trago fue un despegue fallido,
reaccionaron mis papilas
y en mi boca
se estacionó por un rato la calma,
las ganas de tomar otro trago,
la cima de algún Himalaya
y el deseo de escribir.
 
Qué extraña propiedad la de las hojas
que han condensado en sus estíos
un montículo de sabor,
una porción de soledad
que nos consuela,
e invita a sumergir una por una
las hebras de antiguas mocedades.
 
He retornado a mi café,
el etíope que despierta mis ganas,
pero de vez en cuando
me obligo,
y voy directo al agua caliente,
a la raíz del árbol,
suavidad en flor
que se esconde
sin aditivos químicos,
en las hojas de té verde.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Canción al hijo que no está

Guardé para ti hijo mío 
lo mejor de todas mis mañanas,
me esforcé por esculpir una sonrisa amable
para tener algo que ofrecerte 
a tu regreso, 
hice huir a mi frente arrugada,
a mi costal de penas,
a mi cara marchita, 
a mi cuerpo abandonado al otoño.

Llené de gloria y desinfectante 
cada centímetro
del  cuarto que te espera,
allí he puesto, para celebrarte, 
el blanco tibio al sol de mis sábanas, 
una almohada mullida con mis besos,
la fragancia que deja todo lo limpio, 
un diploma de los años de la escuela, 
los amaneceres 
de sándwiches de jamón y queso, 
la sorpresa de ver como has crecido. 

La casa está lista, la mesa llena está,
el manzano del patio suspira por verte, 
el viejo perro dormita 
al pie del hogar encendido 
y las descoloridas flores se han ruborizado
porque les he dicho que te acercas. 

Ya estás aquí, amado hijo,
ya estás desdibujándote a lo lejos,
ya están mis brazos aferrados 
a la nada,
ya estás en mi recuerdo,
donde por siempre vives.

Emilia.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Plasma inconcluso

No sé cuanto de mi puede caber
en un presentimiento,
pero se ha conservado caliente
debajo de la sábana 
que me mantiene viva
cuando duermo.
 
No soy igual que tú,
no soy distinta
no llego a enamorarme, 
no me especializo
en certezas,
todo está aquí sin yo tenerlo;
y el ensueño absurdo
de un poema,
de una canción antigua,
de una página en blanco,
no me deja ni piso, ni paredes,
ni máscaras de hierro.

Se asimila el estambre
de los años,
se arruga el vidrio de las cejas,
se escribirá un espejo
y mi rostro se alimenta
del plasma 
de un ser inconcluso.
 
Cuanto he de ser feliz
a ojos cerrados;
pues sin amar, te quiero,
y sin dejar de ser un espejismo,
te canto,
te toco,
te escribo,
y te he robado el misterio
que guardan los abismos
de la noche.

domingo, 3 de noviembre de 2013

La amargura de la despedida

Cuando yo me muera
las cosas seguirán como siempre, 
los políticos seguirán hablando estupideces,
los programas de televisión
serán igual de malos, 
la gente seguirá lamentándose
de lo que no tiene remedio
y dejará de lado esas cosas que,
de valorarlas un poco,
les harían desalmadamente felices. 
 
Cuando tú te mueras, voy a llorar,
y me acostaré tres días a mirar
el techo,
y pensaré en el mar,
en el banco de peces de tus ojos,
pensaré en escribir
y tomaré agua,
para mojar un poco 
la amargura de la despedida. 

Cuando todos se desintegren
no habrá lugar
para edictos, proclamas y arrepentimientos,
el mundo se habrá acabado
y con él,
culpables e inocentes por igual.
 
Cuando cada quién tome su rumbo,
seguramente lo lamentaremos,
pero la realidad es que 
ni yo voy a parte alguna 
ni tú existes,
y con seguridad,
el único pliegue coronado de tristeza
por mi partida 
sea esa hoja de papel
llena de palabras y borrones
que tengo en mis manos
al escribir en la madrugada. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Por el día de los muertos

Hoy es día de mis queridos deudos.
día de los floristas haciendo de las suyas,
día en que los taxis atracan con sus precios,
día para escribirte, madre.
 
Al partir de este mundo
has puesto punto final al trauma
de la mortalidad, 
y es que los vivos nos creemos muy vivos.
 
¿Vivos de qué?
Si todo el tiempo veo
como conspira la gente por morirse
mientras los muertos ni se enteran.
 
Estoy convencida 
de que los verdaderos muertos 
somos nosotros, 
muertos de miedo, de pena, 
obsesionados por montarnos en pedestales,
subir a cimas coronadas de placeres
para caer en picada cuando nos decepcionan
y nos atraganta la realidad, 
nos enferma el rencor,
nos arruinan las tarjetas de crédito,
nos acosan las dietas depresivas, 
los políticos ladrones
y los malos gobiernos.
 
Ay de todos nosotros,
¿vivos de que?
Sentimos lástima del que muere,
gastamos un dineral en velas, rosarios,
misas de cuerpo ausente,
cremaciones, lágrimas furtivas 
y no nos condolemos
del niño hambriento,
el perro apaleado,
la mujer golpeada,
el mundo miserable.
 
Ya me parece oír a mi madre  
desde su rincón en el más allá:
 
"Emilia Del Valle, escribe.
Por acá estamos bien, mucho mejor
que ustedes
con esa revolución cleptómana.
Ya sabes mija, no retrocedas jamas 
y firma siempre "Marcano Quijada"
en todos tus poemas
para que Pepé se sienta orgulloso de su nieta.
Dios te bendiga"