domingo, 8 de diciembre de 2013

Mi lista de promesas para ser feliz

Voy a celebrar 
mi absoluta esclavitud a la vida, 
voy a cauterizar cizañas, 
voy a hacer un listado de promesas 
que cumpliré fielmente. 
Prometo no mirar atrás
ni siquiera para recordar los teléfonos
que he perdido, 
la gente que se ha marchado
y las decepciones que no me han sorprendido.
Prometo ser tolerante 
con quién no entienda mis poemas
y de forma aplanada asuma
que estoy hablando de mi vida 
cuando estoy hablando de la tierra,
de una hoja en el suelo,
o de un recuerdo que se ha clavado 
involuntariamente entre mis dientes.
Prometo no ser promiscua, 
prometo colocarme limites 
con la gente ruidosa y prepotente, 
prometo mantener mi correcta ortografía
y descartar desde ya 
todo el sartal de horrores
que abundan en el castellano digital.
Prometo escribir
con absoluta fidelidad a mi misma,
seguir bajando de peso, 
seguir oyendo a Chopin,
seguir leyendo poesía, 
seguir lavando mi ropa, 
seguir caminando 
hasta que mis músculos protesten,
seguir ignorando lo que no me interesa.
Prometo ser tan honesta 
como las circunstancias me lo exijan 
y cuando ya esté muy vieja,
igual de sola, igual de pobre, igual de poetisa,
prometo sentarme a la orilla del mar
a tejer una red, 
un atrapasueños hecho de mi cabellera 
para salir a la puesta del sol 
a cantar canciones que he olvidado, 
a buscar silencios que me han dicho
que yo soy y seré feliz
porque no me ha quedado 
otra salida.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Que llueva

Han firmado el decreto
que me sentencia
por enésima vez
a muchas lluvias.
 
Yo soy la aniquiladora de piojos,
soy la manzana envenenada
que ha llenado de gusanos al poema, 
pandemia que desola ciudades,
hilo de sangre entre las piernas 
de las ninfas desvirgadas. 
 
He inventado 
el más novedoso sistema 
para despellejarme a mi misma 
arrojándome de cabeza
por el excusado;
el colmo se ríe de mis lunares
y sobre mi llueven 
todas las piedras de las manos, 
toda la inmundicia del cieno, 
toda la histeria colectiva. 
 
Así me gira el mundo
cuando está de cabeza, 
en consecuencia, 
hagamos lo que se ha dispuesto: 
que siga el cosmos 
mostrándome la noche, 
que siga el llanto que no es mío, 
que siga el fondo del iris como mi hogar,
que siga tocando la orquesta.
 
Yo, que he sobrevivido 
a toda la maldad humana
no seré un rompecabezas,
y cada pedazo de inmoralidad, 
cada nube pasajera, 
cada desprecio infame,
 lo convertiré en poesía. 
Si ha de llover,
que llueva.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Me senté a contemplar el mar

Me senté a contemplar el mar, 
por obra
de un capricho ensimismado,
me deslicé por un tobogán 
hecho con los escombros
de todas mis tragedias. 
 
La arena, más blanca, cálida 
y grumosa,
se sujetó a los dedos de mis pies 
en un ardid por escapar 
e irse conmigo de polizón.
 
La espuma parecía 
una línea de sal 
que se detuvo debajo de mis ojos, 
de mis juguetes perdidos,
de los huesos abandonados 
y las oraciones 
que no se olvidan.
 
El viento,
a pesar de mi ausencia
 me saludó 
con esa mano cordial
que te roza la mejilla y se va. 
 
Los pájaros,  
sin nada que decir, mucho 
han contado 
en sus alas batiendo sobre el aire.
 
Me senté a contemplar el mar
y a pesar de toda mi aflicción, 
de tantos recuerdos
apretujados en una bolsa vieja, 
una sonrisa se dibujó en mis labios, 
una fuerte inspiración
llenó mi pecho, 
una mano secó mi tristeza, 
porque solo vine a pensar
 y es el mar 
el que me piensa.