miércoles, 21 de mayo de 2014

La lengua y sus ventajas

Admiro la lengua de las jirafas, 
concebida a imagen y semejanza
de sus prioridades. 
Áspera, húmeda, maleable, 
tan prolongada como su elegante cuello, 
perfecta para comer helados,
arbustos, espinas, 
llena de tanta saliva histórica. 

Miremos por un momento
todas las posibilidades 
que la jirafa tiene para aprovechar 
su lengua, sus miembros
y su altura insospechada: 

Es más alta, es más esbelta,
es más ternura 
en sus ojos de elefante;
Tiene orejas satelitales para escuchar 
cuando vienen los leones y escaparse, 
tiene cuchara y tenedor para 
comer del último piso arbóreo, 
de los follajes de nubes, del viento africano,
de las cimas de las montañas. 

Tal prodigio natural, órgano de la palabra 
(en ciertos bípedos)
fue, es y será utilizado por ella
para alimentarse, podar ansiedades, 
sonarse la nariz
y perpetuar la especie. 

¿Para qué quiero yo, matriz y estalagmita 
de todas la necedades, 
otra lengua que no cumpla tales fines?
Mi lengua es muy corta, 
directamente proporcional a mi miopía, 
pero me adapto a mis limitaciones 
e imito a la graciosa jirafa. 

Como menos chatarra
y más forraje verde, 
saboreo mi prosa, 
camino más sin la lengua afuera,
hablo menos tonterías,
y le saco la lengua con igual gusto 
a los leones de siempre.

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