lunes, 26 de mayo de 2014

Versos de café con leche II

Alumbra la ventana la platera, 
el calor arranca algunas pestañas 
y se disculpa por el olor a quemado.
 
La arepa gorda y tostada sale 
de la boca del horno, 
el mantel tendido está, 
los platos y los cubiertos
prorrogan por un bocado
las ganas de escribir en las mañanas.
 
Todavía no se levantan de la cama
los bolsos, las medias de rayas 
y el grifo de la ducha, 
pero falta muy poco 
para que el saludo de lo cotidiano 
baje por la escalera. 
 
El aroma seductor del desayuno 
se lanza en paracaídas, 
el sabor del café, la radio encendida, 
las noticias que invitan a montar en bicicleta 
por la vida diaria.
 
Tengo un verso en la punta de la lengua, 
me avisan que el mundo continúa, 
los huesos se estiran, 
la pasta de dientes se acaba,
la casa despierta. 
 
Todos se han ido, 
en pocos minutos han dejado 
los platos, los vasos, 
los pedazos de recuerdos 
haciendo una torre en la cocina
y me he quedado sola,
-por fin-
escribiendo mis poemas.

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