lunes, 9 de junio de 2014

Leyenda de Macanao

Cuando el sol se oculta, 
el rostro de Macanao se ruboriza, 
sus ojos aúllan,
el horizonte se acerca 
y desciende. 
El dios de los cardonales 
se diluye en brasas, en viento,
en hembra. 
Es blanca y dulce, 
como las mejillas del yaguarey 
que sigue a la flor. 
Habla el Guaiquerí 
por la boca de Macanao; 
allí habita, 
es él quien manda 
a las olas correr o detenerse. 
Es Macanao
el príncipe del oriente, 
y cada vez que sale el sol, 
el legendario sol de Nueva Esparta, 
Macanao cierra los ojos, 
tendido en la arena. 
Y cerca, muy cerca, 
en la lívida espuma de la playa, 
vela su sueño el guaripete
sobre vientos, dunas y montañas.

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