martes, 17 de junio de 2014

Los beneficios de ser ridícula

Adoro mi riqueza bien habida.
 
Valoro tanto mi boyante estatus
que lo mantendré muy lejos
de la nefasta influencia 
del pesimismo;
 
y prefiero reírme mil veces
de mis ataques de cursilería
a quedarme agachada en un rincón
pariendo garrapatas y ácaros de odio.
 
Me paro de la silla, hago lugar
a todo aquel que quiera sentarse
porque no cuido territorios, 
no soy esclava de cachivaches
ni soy acumuladora de egos. 
 
Me ha servido ser honesta 
y he progresado sin prestar atención 
a las lenguas largas que dicen:
 
"Qué mujer tan ridícula"
 
En efecto, 
soy tan biodegradable
que les aseguro
que el mayor ridículo 
es no serlo, 
que la mejor cursileria 
es aceptarse, 
y que una vida llena de ridiculeces
es una gran reproductora 
de sonrisas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario