sábado, 21 de junio de 2014

Me gustan las cotufas

Me gusta escribir de madrugada
cuando todos en casa duermen.
Me gusta apagar el televisor 
justo cuando sale
la cara del Presidente de la República.

Me gusta esforzarme 
cuando camino 
y sudo
y sigo sudando
y me duelen 
todos los huesos del cuerpo, 
pero hago caso omiso a los síntomas
de que pronto cumplo 54, 
puerta de la madurez y las rodillas necias.

Me gustan las cotufas, 
me gusta la fiera que soy 
a veces,
me gustan los verdaderos líderes, 
me gusta ser zurda pero no 
de izquierda,
me gusta ser contra-revolucionaria,
me gustan las películas raras y los chistes tontos,
me encanta estar sola
mirando la lluvia, las baldosas blancas,
regando las plantas de mi hermana
que ya está por regresar, 
y es bueno que encuentre el mismo verde 
que se llevó de viaje.

Me gusta Benedetti, 
no me gusta lo que a él no le gustaba.
Me gusta 
rechazar lo que no me hace bien,
por eso
el saco de predilecciones absurdas 
que una vez tuve
se lo entregué al camión del aseo. 

Y es verdad,
me gustan los ojos negros de la calle, 
me gusta el morbo rampante 
de sus esquinas,
pero ese televisor
es la primera cosa que apago
cada mañana de mi diario vivir.

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