domingo, 15 de junio de 2014

Nada que balbucear

Los dedos han bajado, 
las miradas huidizas 
solo observan el suelo. 
Los oráculos vaticinando mi muerte
se fueron por el caño,
se dieron a la fuga acusados de fraude,  
erraron, simplemente erraron y
al callar 
ya no pueden mirarme a los ojos.
 
Ceguera, conjuntivitis.
Vergonha. ¿De qué? 
No hay nada interesante
que ver, 
no hay nada fatuo que decir, 
mejor dicho: No hay
nada 
que balbucear en esta hora.
 
Sigo siendo la carne putrefacta, 
la ruindad y la desdicha, 
la mancha de semen 
en la pared, sigo 
mirando al suelo en busca 
de mis entrañas roídas,
sigo siendo saliva de la calle,

solo que no he muerto.

Dejé atrás una esquina
a oscuras,
años de fango, piojos, sarna, 
hambre,
sanaron mis pies, 
me vestí con ropa limpia, 
volvieron los libros a mis manos,
tomé un lápiz,
me aferré a un sueño,
y he transformado mi vida 
en un eterno poema.

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