jueves, 17 de julio de 2014

Soneto divorciado I


No busques arreciar el aguacero,
no agotes mi paciencia de un portazo,
pues te has ganado el limpio zapatazo
que te arrojé directo a tu trasero. 
 
Fui siempre la segunda, tú el primero 
en este matrimonio hecho cedazo,
pero ya he dicho ¡basta! de un zarpazo 
y regalé tu ropa al panadero. 
 
¿Por qué yo he tolerado tanto abuso?
Te voy a hacer la cruz en el juzgado
y mientras tú maldices, yo celebro.
 
Y para rematar con lo inconcluso,
en lo que vuelva a hablar con mi abogado,
será para embargarte hasta el cerebro.

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