domingo, 21 de septiembre de 2014

La mejor pantaleta de mi vida

Desde mi retorno a la cordura
llevo un recuento pormenorizado 
de mis utilidades 
por ser la señora de.

Tengo, en orden decreciente:
Anatemas en mi dignidad, sarcasmo en polvo, 
noches desastrosas limpiando mi sala,
sirviendo cerveza a los integrantes 
del club de fans del desperdicio.

Mis bonificaciones están pegadas 
al talón de cheques sin fondo 
que ha sido nuestro hogar, y mis hijos, 
admiradores de Osama Bin Laden
me han amenazado con poner
una bomba
debajo de nuestra cama.

Dioses, augures y poetas
nunca habían vaticinado tal desastre
en la vida conyugal de una mujer
que solo esperaba amor
y recibió en cambio una escoba
y una eterna pregunta:
"¿Compraste mi cerveza?"

He pasado toda la noche
escribiendo una declaración de quiebra 
sorna, prístina, céfira,
he pedido perdón a nuestros hijos
por tantas omisiones,
y he lavado toda tu ropa
para cumplir hasta el final con mi deber,
y tengas algo que ponerte en casa 
de tu abuela.

Mis hijos aplauden, tú te encolerizas,
y has entonado en do mayor
que la casa es tuya, 
que la nevera es tuya, 
que la que se va soy yo,
y por primera vez he aceptado
tu generosa oferta. 

Me despido de años de oscurantismo 
y mermelada de poroto.

Mis hijos vuelven a aplaudir,
vuelven a amarme 
mientras yo empaco
lo único que verdaderamente importa:
La mejor pantaleta de mi vida,
la que no dejé que me quitaras.

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