miércoles, 22 de octubre de 2014

El inmenso error que nos gobierna

Aquietados, comprimidos en el refrigerador
de lo inerte, la masa cierra los parpados
y se acostumbra a la oscuridad. 

La electricidad, logro del mundo civilizado, 
furia de los grandes ríos,
llega hoy a este país 
cómo un chorro de orín en nuestras caras, cómo 
una limosna, un favor 
que nos hacen
los que han clavado sus ambiciones 
sobre el tesoro nacional, 
los que cortan las vísceras de este país
para chupar su vida útil, 
dueños de todas las formas de mentir, 
nuevos burgueses, sátrapas 
del desastre
que se mean en los derechos ciudadanos.

La electricidad hace mucho ruido, 
la luz aclara, despeja, decide,
la electricidad conspira, por ello
la luz no es necesaria
para el inmenso error que nos gobierna,
para quienes se han hecho ricos 
repartiendo sombras
en esta Venezuela vencida.

La oscuridad es silencio, es miedo, 
es callar, 
es indiferencia y resignación,
es sentarte a esperar a que algo pase
y nada pasa 
porque preferimos ser vasallos
de nuestra propia mansedumbre.

Estamos presos 
en nuestra cárcel de temor
viendo como la oscuridad campea, roba, mata,
como los ladrones ríen, 
la nación se desintegra.

Los fabricantes de luz se han extinguido, 
unos han muerto, otros se exilian,
y los últimos restos de la democracia 
que todavía pelea
están abrazados a unos barrotes
en Ramo Verde.

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