martes, 7 de octubre de 2014

Fidel y las ballenas azules.

Fidel se extingue por selección natural, 
igual que las ballenas
azules en el norte
por más demanda de sushi.
 
 Será velado en capilla ardiente
cuando terminen de publicarse
sus cuentos, huracanes
y gatos pardos.

Fidel es una historia más. 
Más alivio que pena,
más barba que mito, 
más orejas que oído, 
más tarde.
 
Fidel morirá un lunes
cuando llegue el guardaespaldas
a cambiarle la ropa de marca
y limpiar el paso de la medianoche
en la cama mullida.
 
Fidel morirá en un sueño dulce;
tierna y calladamente,
rodeado de amorosos edecanes,
magos, payasos, botellas de ron, 
babalaos, reconocidos intelectuales,
fotógrafos y mucho maquillaje, 
de sangre 
de miles 
de inocentes.
 
Fidel morirá de madrugada,
de fastidio,
y pondrán en una lavadora
al libro verde olivo,
a los iconos de papel absorbente,
al verde dolarizado,
al fusil de la eterna utopía
que tanta esperanza regala,
tanto pueblo sufre,
tanto ser humano destierra
y tantos capitales legitima
en nuestra América Latina.

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