martes, 14 de octubre de 2014

Tú si puedes

He despertado de una alucinación,
saturé la cama de gritos, sudor
e histeria; 
tuve una pesadilla, un aguijón de miedo, 
una revisión certera y saludable. 
 
Vayamos al hecho; En las alturas,
en un sitio imposible de ubicar,
desde 
los crespos del aire 
me arrojé al vacío sin sábanas ni almohada,
sin mis cómodas babuchas, sin cartera, 
sin marido, sin casa, sin horizonte,
y por las corrientes de viento golpeando 
mis labios mayores
creo que tampoco sin ropa interior. 
 
Me arrojé al vacío en una temeraria maniobra 
de mi mente, 
me lancé en señal de protesta, en defensa 
de mi soberanía,
en desacato a la inercia,
a las valvas de mis ojos, empeñadas
en cerrarse ante los cambios.
Yo caía y caía, podía ver las casas, 
los árboles, podía ver las vacas
en los campos, 
podía sentir mi rigor mortis. 
 
Me acordé de todo lo que dejé de hacer 
por no arriesgarme
y me dije: Qué pendeja he sido.
 
Sin embargo,
después del miedo, comprendí que no caía,
volaba;
y en franca rebelión a la ley
de gravedad, 
sucumbí a las nubes, al cielo, 
a mis alas abiertas, a mis cabriolas
de yegua feliz
experimentando la emoción de ser libre.
 
Hoy he despertado de una clase de vuelo, 
tuve un orgasmo a todo color,
en 3D, 
un mensaje de texto, una llamada,
una invitación a meditar sobre
el paso adelante que soy, 
sobre el coraje, ese que me vio
en las nubes, 
corrió a abrazarme
y me puso contra el viento para decirme: 
–Tú si puedes. 

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