martes, 16 de diciembre de 2014

Pacto de la nueva esperanza


Hay noches donde el sueño llega
con la rapidez de una alfombra voladora, 
más hoy, en tiempos
de espera, carestía,
en diarias colas de incertidumbre,
el sueño se jubila y me deja 
despierta.
 
Se aproxima el fin de las hojas,
el fin de la noche, 
el fin del planeta verde,
el fin de las patas de mi vieja silla
el fin de los errores y la infamia.
 
La falta de sueño se agudiza,
la ley se retuerce, los derechos 
se suprimen, el diezmo lo roban,
y todo anuncia el fin
de la esperanza.
 
Doy gracias al insomnio
que me deja sentir
el malestar incurable de mi cuerpo, 
las nubes de zancudos que me acosan, 
la suerte de esta tierra en su desgracia.
 
Doy gracias al destino que me permite
elegir escuchar
solo la voz de mi conciencia, 
y entre cadenas, dudas y apagones 
he proclamado mi rebeldía. 
 
Hice una chilaba con mis sábanas, 
un escudo con mis letras,  
un juramento inviolable.
 
Estoy lista a firmar
el pacto de esperanza en mi país
con todo aquel que lucha y no se humilla, 
con todo el que se asoma a la excelencia, 
con todo el que se afana en el estudio,
con todo el que está preso por valiente,
con todo aquel que nunca será pobre.
 
Comprometida estoy, 
me he vestido con mis caros atuendos, 
mi espada al cinto,
he dado de comer al optimismo,
alisté mi camello y mi turbante, 
me lancé a las dunas 
y en el desierto inextinguible
la solitaria voz de mis poemas grita
y la esperanza resurge.

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