sábado, 26 de diciembre de 2015

LOS SURCOS DE MIS MANOS

Solía quedarme horas enteras mirándome las manos, en tiempos cuando dormir era un tormento y estar despierta un continuo dolor. Mirarme las manos era un alivio, un momento de muda contemplación y espera.
Miraba, no sé que miraba. Quizás algunos recuerdos confusos que surgían y andaban a mi lado. Los surcos de mis palmas llenas de cayos y quemaduras, los surcos de los huesos que sobresalían de mi piel, la ropa demasiado grande que se escurría,
 
la gente que pasaba,
los dedos que apuntaban,
las manos que aplastaban.
 
Cuando veía a mi alrededor, no había nada que no me dijese que yo debía morir porque lo merecía.
A medida que pasan los años se hace más difícil recordar; pero al igual que en esos días sigo mirándome las manos, sobretodo cuando escribo.
Se ven con claridad las líneas de mi destino, ya no se notan las heridas de guerra, ya no huelen mis manos a carne quemada.
Ya no soy la misma mujer perdida entre sus propios dedos.
Se llenan poco a poco los caminos de mis manos y serenamente envejezco, cosa que jamás pensé que pasaría.
Tuve que renunciar a mucha calle para creer en mí misma.

HACE MÁS DEDOS QUEMADOS

Deje de hablar,
él solito se destripó la cañería, señora;
deje de estar culpándonos por la fetidez
de las cloacas.
El hijo por el que pregunta, se marchó
hace más dedos quemados
de los que cuenta. 
Murió de una pálida,
murió de un verso que no sé,
murió de ganas de partir
en dos el antes y después
de las historias, murió
de una sobredosis de alcantarilla.
Él filmó toda su historia,
se fragmentó en capítulos,
se hizo libro, aliñado, con tapa
de ceniza cartonera,
el prólogo fue una supernova
en su cerebro,
el índice salió por su garganta.
Deje de estar buscando su cara,
sus dedos,
sus vísceras, señora;
ya no hay nada allí que buscar,
por quién orar,
por quién morir.

martes, 22 de diciembre de 2015

TAN PEQUEÑO, TAN GRANDE

 
A Carla Patricia Oliveros De Ferreira,
al pequeño Mathias, con amor.
 
Hay un niño que vive a mi lado, muy lejos
de la mustia tristeza, de la hiel del destino;

porque tiene en sus ojos un confeti de abrazos,
que regala y prodiga con sincero cariño.
 
Tengo un niño en las manos, en la piel, en las venas,
con mejillas rosadas, con la magia del verde
que despide el follaje del jardín en que habita,
y el azul primoroso de su ropa y juguetes.
 
Es un niño que escribe, es un niño que corre,
que dibuja a su perro, que le canta a las aves
con la voz sin palabras recubiertas de nubes,
y el sentir de su mundo tan pequeño, tan grande.
 
Hay un niño que vive a mi lado, muy lejos,
y tan cerca de todo lo que brota y florece,
porque su alma es reflejo del amor cristalino
con que arrulla a su madre, que lo cuida y lo quiere.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La jaula de plata

En los confines del valle de Lehour,
en tiempos en que la tierra era plana,
vivia el gran pajarero de los tiempos.
 
Entre las miles de aves que poseía,
amaba más que a nadie
a los dos canarios ocre
de la jaula de plata.
 
Cada amanecer
llevaba la jaula
al patio lleno de girasoles,
para que los pequeños cautivos
alegrasen con su canto al sol naciente.
 
Al atardecer, era a ellos
a los que primero alimentaba,
cubriéndolos con un manto de seda
que los protegiese del viento de la noche.
 
El día que el sol cayó del cielo
y la tierra se ovalaba,
el gran pajarero trató de alimentar a las aves
en medio de las sombras.

 En un descuido, al abrir la jaula,
uno de los canarios ocres
escapó, levantando el vuelo
y perdiéndose de vista en el horizonte.
 
El pajarero, triste, se reprochó su error,
tapando al que, por vez primera
quedaba solo en el silencio indiferente.
 
Al día siguiente, el gran pajarero
quitó el manto de seda de la jaula de plata.
El ave había muerto.
 
En el valle de Lehour,
en tiempos en que la tierra
ya era redonda,
el gran pajarero de los tiempos
liberó a todas sus aves
y partió con rumbo al mar.
 
Por eso, hoy en día,
todos los pájaros saben
que cuando el amor se va,
lo hace volando,
y el que lo ve partir,
solo en su jaula de plata,
muere de pena.

martes, 8 de diciembre de 2015

NO TE VISTAS, QUE NO VAS.

Hoy me adorno con un verso,
con entusiasta alegría

por nuestra patria querida
que en popular votación,
ya tomó la decisión
de nuestro rumbo cambiar
y volver a disfrutar
de una Venezuela unida,
con democracia y justicia
para todos por igual.
 
Hoy el tricolor celebra
con plácido regocijo,
el fulgor del amarillo
que es pertenencia de todos;
el azul, marco sonoro
de las estrellas del cielo,
que en su corazón de fuego
ve su sangre rojo grana
levantarse de la nada,
cual valiente y bravo pueblo.
 
Hoy las décimas se agitan
en mi insignia tricolor,
símbolo de una nación
que no bajará la guardia
ante la voz arbitraria,
ante el déspota indolente,
que de manera insolente
nos apoca, nos humilla,
y piensa que con mentiras
nos someterá por siempre.
 
El que creyó, cual pacato,
que somos personas mansas,
¡Por Dios y la Virgen santa
que en verdad no nos conoce!
Quién presuma en su derroche
que siempre ha de gobernar
y que jamás perderá,
sepa que este pueblo digno
con sus votos ya lo ha dicho:
NO TE VISTAS, QUE NO VAS.

jueves, 3 de diciembre de 2015

SISMO EN LA PISTA DE BAILE

Hoy abro una crónica por cosas
que no están, hoy
se arrebata de sangre mi nostalgia,
mis luces amarillas por tí,
por ella,

por su cabello negro
planchado, áspero, dulce
canutillo de neón y nalgas prietas,
sismo en la pista de baile.
 
Ojos oblicuos, melodía de tacones,
risa despiadada, uñas abriendo

surcos en mi carne,
cielo de pandemia, espejismos
de aguardiente
pintando una línea imaginaria

entre mis pechos
–derrotados por el humo–
y los tuyos, los de ella,
circón y ámbar.
 
 Llegas aquí
porque no olvido tu cabello,
tu forma de bailar,
y dejo de escribir mientras
presiento
el ruido de tus pasos en la casa,
el beso que me diste en la escalera,
la ruina que sembraste en mi pasado,
y el negro callejón que tú elegiste.

sábado, 28 de noviembre de 2015

ACTA DE CAPITULACIÓN

Fui la primera en firmar
el acta de capitulación de las calles.

No me justifico,
no esperé a que fuera de día
para pedir un bolígrafo robado,
no me imaginé el mañana peor
ni mejor,
 estampé mi firma a toda velocidad,
loca por largarme,
sin dar explicaciones ni extenderme
en raros argumentos ni mentiras.

¿Qué voy a decir?,
¿Cómo me sentía?
cuantas hambres llevé
en la espalda, cuantas dunas,
y mis manos, llagas y pez,
cuanto más de lo mismo,
una bacanal de uñas mordidas,
un ejercito de piojos
viviendo de mi ausencia.

 Eso pasó, más nada, firmé
y me fui,
para nunca más caer,
porque me cansé de estar
cansada.

martes, 10 de noviembre de 2015

Declaración De Tristeza

Dime que sí,
y escribe.

Yo no lo haré, mi letra
parece una hilera de gusanos,
un desfiladero

de mentiras con una dirección
probable
y un destinatario que tal vez
no la quiera.

Copia, explica en frases cortas
lo que yo descubrí en otras lenguas
que hablaban calé
y escupían heroína
como quien toma chocolate y galletas.

Escribe, di que estoy muerta,
que las mañanas son grises
y mis ojos
son el fondo de una botella
con el hambre perdida en la basura.
 
Di que nunca quise lastimarles,
que en el día
las buenas intenciones eran
vasos de agua clara,
pero de noche eran veneno
hirviente,
que me obligaba a robarles
y escapar de prisa.
 
Pregunta,
que fue de aquella
que muchas veces dijo que iba
a la escuela
y terminaba, pubis abierto,
tetas dormidas,
vendiendo orgasmos
a cambio de una fumada.

Di que los recuerdo,
y que a veces
quisiera abrazarlos,
pero las paredes pesan
y no puedo moverme.
 
Di, aunque sea inútil,
que aún los amo,
y que esto
ya no es una carta,
es una declaración de tristeza.

domingo, 8 de noviembre de 2015

TEORÍA Y PRÁCTICA I

Los poetas son un muro de cayos,
viven como perros
corriendo tras los piojos, 

siembran rocas con tropezones
de carne,
son el ácido
del litro de leche que se pudrió
en la nevera,
el recibo de luz que todos consumen
y un idiota paga,
ropa vieja para obesos
que nadie compra.
 
Yo prefiero a los artistas,
esos que dicen "da un paso,
luego otro y caminarás", esos
que se tiran un peo de marmolina
y los aplauden los críticos,
ellos me aclaran las ideas
y me inspiran tanto, tanto
y mucho más arriba,
que compraría todo
lo que lleve sus nombres.
 
Los poetas de verdad
son un clavo en la pared,
los otros son un adhesivo,
 están hechos de letras,
 pero viven de otras cosas.

miércoles, 28 de octubre de 2015

COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA

Se hincharon mis tobillos
de tanto esperar,
se desprendieron mis dientes
de tanto reír,
se cerraron los ojos de tanto mirar,
se me perdió el horizonte
de tanto perder.

Aun así,
perdiendo, penando, cayendo;
repetitiva y lenta,
meando dolores a solas,
quebrada, llena de excremento,
sola en la vía, 
sostenida en una tabla
a prueba de ciclones,
es cuando mas viajo;
es cuando se inicia
un fenómeno de combustión espontánea
que me funde y me aclara.

Me siento a escribir
porque me quema,
y antes de convertirme en un roast beef
en mal estado,
dejo alguna seña, tarjeta postal,
nota suicida o constancia
de que hice lo mejor que pude
por no vivir en balde.

sábado, 24 de octubre de 2015

Amiga de mis libros (Soneto)


Soy la mejor amiga de mis libros,
sus páginas, mi hogar y fortaleza;
en ellos hallo toda la certeza,
son parte y estructura de mis miembros.
 
El libro se levanta en los escombros
llevando entre sus hojas, su riqueza,
y arranca para siempre la pobreza
que la ignorancia pone en nuestros hombros.
 
Si buscas un futuro asegurado,
salir del marginal y negro abismo,
apuesta a los estudios y adelante
 
irás, muy por encima del malvado
que vive repartiendo despotismo,
y tiene por esclavo al ignorante.

jueves, 22 de octubre de 2015

CANCIÓN DE AMOR

Quieres que te dedique una canción de amor,
mientras mis ojos enrojecen,
mientras el cuerpo se agrieta,
mientras corren las brasas 
a guarecerse
de la lluvia,
y se conforman con dejar un rastro
de tinte carbón en tu mejilla.
 
Quieres que olvide,
y permita que me salves y me lleves
a una vida tan desilusionada,
que no emociona,
porque la muerte
no se sienta a esperarme en la esquina.

 Quieres que celebre, cante, 

 y en una sola nota
 arrase todas aquellas, idas y venidas
en años de cal y herrumbre.

 Quieres que te dedique un verso de amor,
y no sé qué es eso,
quieres reír
y yo no sé cómo hacerlo,
porque
no tengo dientes.

sábado, 17 de octubre de 2015

Estudio poético de como lo hacen las putas

La técnica de mi trabajo
se resume en guardar silencio,
abreviar minutos,
frotar con tenazas abrasivas

tu miembro cavernoso,
para que te vayas rápido,
y yo pueda fumar con toda calma.
 
La tertulia sobra, no es tiempo
de hablar sobre tus pecas en el cuello,
y la ropa nueva que tienes,
y la música que te gusta,
y las nalgas apretadas,
y el ciático que muere de los nervios,
y el pene que no sale.
 
Yo soy la diosa contrita, risco
que todo el mundo busca
en los acantilados, beso
con sabor a vagina sin lavar, pied
ra
que tropiezas solo una vez.
 
Acabe rápido pues, véngase,
lleva más de media hora
y yo me fumo
de ganas de quemar en los volcanes
los restos del naufragio de mis uñas,
la boca, las cordales, los colmillos.
 
Ya terminó, al fin,
ya quiero la humareda entre
mis manos;
mientras tú me ves como si fuera
una mosca en la sopa, y vomitas
que te den tu dinero,
que te cambien el plato,
qué terrible servicio,
qué calor,
queda semen
metido en las rendijas de mi carne.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Estudio poético de mi madre

En la oscuridad, bajo un piélago virgen,
se encuentran
bordadas y zurcidas,
mi soledad, mi cieno
y mi destino.

En la lona sin muros, larga,
alta y estrecha,
se descubre una silla custodiando
la entrada,
achatada en la frente,
adornada de rezos,
desolada en los polos.
 
En el lino está ella;
el rosario es un nudo de misterios
y glorias,
en la boca marchita
se ha quedado un poema
que dedica a sus deudos.
 
En la urdimbre de seda, las cortinas
se agitan
con el viento a las ocho,
una oración termina,
una visita aguarda,
un termo de café se llena,
dulce y febril. 
 
En retazos, una caja redonda se abre.
Caja de costura,
caja de manos abiertas,
dedos ágiles,
hilo negro ensartado
en la vieja maquina de coser de mi madre.
 
Aún siento su ruido
ensordecedor;
 aún te escucho, madre,
haciendo ojales a mi vida.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

CUANDO LA LLUVIA ES MÍA

La lluvia, cuando es temprana,
es un desahogo de los párpados del cielo
en la mañana.
La lluvia, cuando es tardía,
incordia,
retrasa y excusa.

El aire huele, las nubes se condensan, 
las cejas se juntan, el trafico colisiona
en un big bang de gente apurada,
los perros callejeros se regocijan,
los vendedores de periódicos se enojan
y cada gota nos da de beber
algún recuerdo de la calle. 

La lluvia, cuando es citadina,
es un corolario de ruidos,
un renacuajo feliz,
cauce de cloacas, paraguas y chaquetas,
agua en el aire,
nueva cita con el peluquero,
fijación por los sismos recurrentes.

La lluvia cuando es solo mía, 
llueve sueños,
llueve la ducha,
llueve mi café marrón,
llueve el poema,
llueven los dedos hábiles
y las piernas abiertas,
llueven las miradas,
los aros de cebolla, la risa,
llueve otro marrón, llueve
toda la riqueza que no tengo, 
y todos los amores
que no olvido, por el ojo de la cerradura,
al escribir. 

martes, 15 de septiembre de 2015

CISMA ERÓTICO EN NUESTRO ANIVERSARIO

He desnudado mi closet, hoy,
después de tantos años

de costumbre,
para dejar a mi ser enloquecido
mirarte tal cual eras.
 
Niño, delgado, pétreo,
miembro rosa y atorrante,
fluido espeso
que brama como el río
cuando llega a la cumbre.
 
Sé,
-tú también te enteraste-
que fuimos la Barbie y el Ken de los setenta,
convertidos
en Capulina y Viruta,
llenos de años, canas y gordura,
pero convenimos
en guardar el secreto
de nuestra bestial ceguera.
 
Tú sigues acosándome despacio,
allí, así, sigues
volcando en mis sudores
tu gel de blanca espuma,
yo insisto en sonrojar los recovecos
de mis fantasías.
 
Hay un cisma, un trueno, una
fruta que cae, un silbo que muere,
una carne que codicia,
un jadeo agobiante
que no prescribe,
que se adhirió a tus ojos,
a mis pechos,
a tu lengua,
a mi hombre.
 
Y sonrío, perversa,
al ver a mi adorado proboscidio
hacerme caravanas entusiastas,
mientras me quito el sujetador.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

NO VUELVAS

Admito,
que en mi primera noche sola,
me bebí toda la destilería de la ciudad,
un tsunami pasó por mis cabellos,
y llegué, -dermis pegada al tejido óseo-,
a parecerme mucho a Lady Gaga.

Pero, por obra de un repentino trueno
de conciencia,
-de pie, como las montañas-
ya se ha terminado mi velorio.

Concluyo que mi duelo está caduco,
leo las recomendaciones
de mi horóscopo diario,
escucho la rabia de mis amigas
y miro la borra del café, tan acertada,
sincera, positiva y motivante.

Suscribo cada afirmación tuya,
cada vaticinio del mañana,
cada barril de ron, tristeza y arrugas,
soledad y ruina
que me lanzaste al irte.

Restauro, por respeto a mí,
todas las metáforas torcidas
al quererte,
todas las respuestas
que hoy entiendo al encontrarme.

Abro un nuevo capítulo, otra casa,
un lastre que me deja,
un baño sin pelos ni pedos.

No vuelvas.
Yo vuelvo a ser aquella,
la de la agenda telefónica inmensa,
en mis manos de nuevo,
lista para usar.

lunes, 7 de septiembre de 2015

PENÉLOPE SIN

Las hembras del lado este
llegan justo a la hora convenida.

 La más grande, la buenota, 
tiene cara de serpiente,
sonrisa fácil, latidos acelerados,
magma en la vagina.
 
Se llama Penélope Sin. Se cuelga
de puentes, tubos, próstatas;
come dormida, viste a la moda,
y su bífida lengua sobresale
del pantalón.
 
Todas esas mamitas se operaron,
compadre,
-tú no digas nada-,
todas son barítonos de carrera,
pero tienen cuerpos de diosas,
la boca grande, caliente,
las nalgas, suaves,
muslos de concreto,
tetas firmes.
 
Todas cobran por adelantado,
todas bailan,
no hay mujer que las iguale,
no hay pantorrillas mejores,
no hay humo clandestino que no fumen,
y todas, sin excepción,
tienen un filo en el paladar,
para circuncidar miedos
y ansiedades.

domingo, 6 de septiembre de 2015

EL CHIVO DE LA BOINA ROJA

Camarada, llame a los combatientes,
es hora.
¿Hay que cantar el himno del partido?
no me lo sé,
pero si lo cantas, yo muevo la boca
para acompañarte.
 
Primero,
quiero güisqui del bueno,
quiero mi vainita,
quiero agradecer al mar de la felicidad
por todos los favores recibidos.
Luego, quiero tomarme una foto
con los chivos,
con mi boina roja,
para que todos me envidien.
 
Quiero ser presidente, gerente,
director;
ya tengo mi padrino,
ya me dieron el título,
la tesis salió barata.

Por fin, camarada,
se acabó el racismo
que nos tenia relegados
a ser unos bolsas,
mientras los hijos de papá
se llevaban los trabajos buenos,
esos,
donde estás todo el día en un escritorio,
de corbatica y café,
hablando por teléfono con las jevas.
 
Que me pongan donde hay, sí,
que me pongan;
yo soy chivo, donde yo pase,
que no quede nada.
 
Por último, le pido a dios
o al diablo, a quien sea,
que esto jamás se termine.
Por fin hay inclusión,
y no volverán los días
cuando por culpa de los oligarcas,
era pobre.
 

martes, 25 de agosto de 2015

EL CIELO, EL MAR, Y YO (soneto blanco)

(A Ima Rosa Rivas Varela. Amiga siempre)
 
No he de decir adiós, no he de decirlo.
De mí no escucharás adiós alguno
que cierre los portales de la espera,

o que abra los rumores del mañana.
 
No plantes en tu mano un hasta luego,
ni un si, ni un no, tal vez, quizá. Tú, siempre
caminas junto a mi, como mi sombra.
Por eso, nunca, nunca te despidas.
 
Es triste ver partir a otros confines,
los botes que al poniente marcan rumbo,
llevándose en su afán lo que adoramos.
 
Y si a pesar de todos mis poemas,
los años, implacables, te olvidaran;
el cielo, el mar y yo, jamás lo haremos.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Estudio poético de una foto muy vieja

Debes tener añil en las cordales,
o un trasto de soldar en el cerebro.
¿Todavía conservas el álbum de colores,
que no tiene colores?
¿Todavía tienes esa foto
de cuando era virgen y buena?.
 
Qué cara... ¿Esa era yo? Esa era
la tapa del libro de coquito, de los días
de sol, 
de la Barbie de bodega,
de los años previos al desastre.
 
Ya no tengo tiempo para estupideces,
los daguerrotipos, me saben;
el cuarto oscuro, si, ese
lo llevo aplastado en la matriz, arando
y reproduciéndose.

Ya se acabó el revelado, el sepia,
los días de plaza, palomitas
y cine,
ya no tengo cara de butterfly,
de ovejita lanuda y bañada
en colonia para bebés.
 
Mira,
vuelve a mirar,
la sanguijuela absurda que me vive,
los clavos que me cuelgan de las cejas.
 
Tengo cara de roña,
tengo cara de larva,
tengo cara de puta,
tengo cara de cédula,
tengo cara de muchas entradas
al anexo femenino
de las perdedoras.
 
¿Esa era yo?,
¿En que mundo estaba?
Ya no tengo tiempo para recordar.

domingo, 16 de agosto de 2015

Segunda

Segunda veía salir el sol todos los días en Juangriego
avivando el fogón, atizando brasas
y cociendo el maíz
que luego llevaba al molino que la esperaba
tres calles arriba en lo alto de una loma.
 
Llevaba la olla  en la cabeza haciendo equilibrio perfecto,
el agobiante peso no perturbaba
el andar de su cuerpo pequeño y delgado,
una por una trabajaba las blanquecinas bolas de masa
pilada y molida,
el arte que sus manos redondeaban,
las mejores telas hechas en leña,
típicas arepas olorosas y humeantes
de todo el oriente marino.
 
El canto del guaripete le daba la bienvenida
cuando Segunda bajaba por el angosto sendero
repleto de vida y predregales, 
 el camino que la llevaba a su humilde casita
hecha de barro, de ternura,
a su viva  imagen y semejanza.
 
Segunda, la virgen, la vestal,
la que nunca conoció del amor sus desafueros,
la vieja más sola y feliz que existió
desde Porlamar al Fortín de la Galera,
vino al mundo para alimentar mil bocas,
sirvió a propios y extraños una taza de café
nacido de las brasas,
que en los labios sabía a la más divina gloria.
 
La sonrisa más hermosa del recuerdo
cuando me daba el desayuno en la mañana,
su caminar... pausado y sin angustias,
su rostro sereno, su mirada limpia,
el haz de leña cargado a sus espaldas.
 
¡Era tan pequeña!
como nunca hubo ninguna.
Sus grandes aficiones:
La novela de las nueve, que sin falta miraba
en casa de sus primas,
pasar el día de difuntos en el cementerio,
rezar en los velorios
y contemplar las  auroras.
 
Madre contaba que al morir
no quedó huella de Segunda,
ni un registro de su paso por este mundo,
ni siquiera sus ojitos claros se quedaron
en las agujas del tiempo indetenible.
 
Yo, que te amaba como a nadie,
no me resigno a que todos te olviden.
En la misma soledad que tu viviste,
tomándome un café de madrugada
sin colar... tal como tú lo hacías,
le contaré a mis versos tu historia.

jueves, 13 de agosto de 2015

Beltrana, Bernarda y Piel De Arepa

Beltrana, rezandera de la Calle Miranda,
se sienta en el porche todos los días 
a santiguar a los muchachos,
para quitarles el mal de ojo y los parásitos,
mientras su hija Bernarda 
abre las puertas del bar y enciende la rockola.
 
Con la primera canción de Julio Jaramillo 
se escuchan los aullidos de Piel de arepa, 
la perra de las viejas,
anunciando el comienzo de la parranda.
 
A orillas del mar, 
el oleaje anuncia la llegada de los botes
cargados de cuantiosa pesca.
Rodilla en tierra ,
el bravo pescador margariteño,
da gracias a la Virgen del Valle 
por el final feliz de su travesía.
 
Llenos los bolsillos del duro sustento 
ganado en varias semanas de sol, 
hambre y vigilias
el marino solo piensa en tomar un camino  
y saciar su inagotable sed,
arrancar el salitre pegado a los labios cuarteados 
y al rostro envejecido,
con música y aguardiente en el bar de Bernarda.
 
Todos los días son de fiesta para el pescador 
cuando está en tierra firme;
vive la vida al limite,
vive la vida como si fuese el ultimo día
porqué sabe que tal vez, 
solo tal vez, 
de la próxima jornada nunca regrese.
 
Beltrana, atizando el tabaco, 
libra de enfermedades a los más pequeños,
lee a las madres los designios de la suerte 
 y el rumbo de los maridos lejanos 
que estando en tierra aun no pisan el hogar,
cautivos por la música de arrabal
y el ron que brota 
en vasos de peltre.
 
Bernarda espera la muerte
cada 31 de diciembre
vestida de negra mortaja,
pidiéndole a Dios reunirse con sus muertos;
año tras año la espera sigue 
entre boleros y ron,
en muda contemplación de unos seres qué
al terminarse el salario, 
volverán a la mar,
dejándola más sola todavía.
 
La muerte se llevó a las dos viejas.
Piel de arepa se fue en brazos del tiempo
al no poder aullar de dolor 
ni oír sus boleros tristes
en una rockola llena de recuerdos 
y guate de gallina.
 
Los niños quedaron a merced del mal de ojo,
del desprecio que por los pobres siente 
la ciencia y la tecnología,
las mujeres quedaron sin ver en la lumbre
del tabaco
el rostro bien amado de sus hombres
qué ya van con rumbo norte, 
hacia alta mar,
echando redes en busca de tesoros perdidos
y galeones llenos de leyendas.