domingo, 12 de abril de 2015

Mi amiga imaginaria

Lo que voy a contar es absolutamente cierto,
una rara costumbre que tengo 
de escuchar la voz
que me habla desde el otro lado del espejo,
desde los huecos en las paredes,
desde el fondo de mis lentes de sol;
mi amiga imaginaria es una voz en off
que va a mi lado diciéndome cosas,
no me desampara la muy sinvergüenza.
 
A pesar de lo complicado que pueda parecer,
mi voz imaginaria y yo solemos estar perfectamente
en desacuerdo,
jamas coincidimos en nada, 
pero jamas discutimos por eso
 
Si salimos al mercado, soy yo
la que siempre tiene el dinero,
pero siempre termino comprando lo que la voz
me susurra,
si vamos a comprar el pan regresamos 
con un paquete de maní japonés,
si decido comprar el diario termino comprando 
los crucigramas y dameros que a ella le gustan tanto,
y dos bolsas más de maní japonés.
 
Si yo decido ponerme a dieta, 
ella amanece con ganas de comer toda clase de dulces,
si voy a comprar lechuga y tomates, 
ella coge primero la mayonesa
y un frasco de mermelada de arándanos;
con el café no hay desacuerdo,
a las dos nos encanta.
 
A pesar de todo, nunca
hemos tenido problemas de ninguna naturaleza;
ella dejo de malgastar el dinero
jugando a los caballos y a la lotería,
yo se lo pedí un día
y ella hasta ahora me ha cumplido la palabra
que de buena gana me ha empeñado.
 
Yo por mi parte, dejé de beber
y de consumir toda clase de porquerías,
ella me lo pidió,
yo he cumplido mi palabra,
eso lo aprendí de ella:
"La palabra es un montón de estiércol o plata de ley,
depende de como la sostengas"
 
Un día tuve la tentación de beber una cerveza helada;
ella no dijo nada,
solo me miro a los ojos con esas miradas de piedra
que te taladran el cerebro y te llenan de zozobra.
Me acerqué y le pregunté:
Si solo es una, mujer,
¿Por qué no?
 
Todavía me retumban los oídos 
por como suena la verdad,
las monedas en los bolsillos y la cerradura
de las puertas muy viejas cuando me respondió:
 
Simplemente,
porque no quiero que mueras.

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