lunes, 8 de junio de 2015

LAS HERMANAS BRONTÉ VAN AL MERCADO

Hoy, mi hermana y yo vamos
por la 4 de Mayo, con dos bolsas pequeñas
de verduras,
sin harina, sin café, sin dinero,
con 37 grados a la sombra, 

hablando cosas buenas.
 
Esas tonterías
que se llevan colgadas del hastío
y que nadie compra,
nos mantiene cuerdas y amables,
como las nuevas ancianas
de la familia, en lugar de nuestros viejos
que ya se fueron de viaje.
 
Vemos gente
botando piedras,
comiendo maldiciones a precios solidarios,
viendo vitrinas y congeladores llenos
de mentadas de madre,
de frustración y angustia.
 
Nos pasan por un lado
y no nos notan.
 
Mi hermana y yo, seguimos.
Ella hace malabares, cálculos y cuentas
para que tres papas, dos cebollas, cuatro tomates
y un par de zanahorias
se ganen el Cervantes algún día.
 
Las dos, acontecidas, pero fuertes,
no perdemos el aplomo ante la niebla
y sonreímos,
sentadas en un bus destartalado,
nos da por recordar boleros viejos,
mientras vamos rodando rumbo a casa.

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