lunes, 1 de junio de 2015

ROMBOS Y ARABESCOS

Hay frente a mi
un revelado de fotografía,
una superficie amable y cuneiforme,
piélago adornado de sismo y sombras.
 
La pared que lo sostiene al borde
del precipicio muestra,
–como una condecoración–
un diminuto clavo que detiene
su caída.
 
Rombos y arabescos,
pátina ocre como recordatorio
del oro altivo de otros días.
 
Yo lo miro,
él también me observa
con detenimiento,
él me recuerda otras edades,
yo me disculpo
por muchos meses sin salón de belleza.
 
Una cornea ensancha
las mejillas, colándose entre la luz,
se asoma una involuntaria
mueca de los labios, de los dientes.
 
Siento su análisis,
guardo silencio,
y tomo la crema dental
–la única que me hace sonreír–
todas las mañanas.

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