sábado, 25 de julio de 2015

Estudio poético del amor que no existe

Estación de trenes, parada de bus,
qué más da donde sea. Yo 

igual estoy sentada sola,
y conmigo, la que me sigue

en silencio, escribe y come
maní con cáscara.
 
La paradoja más importante
de hoy
es no poder
ser tú, porque no eres;
es no ser yo, y
ni por casualidad
puedo ser esa anciana feliz
que abraza a sus nietos,

que han llegado
a llorar y mojar la cama.
 
El primer letrero que se ve
en el andén,
me dice que ya te acercas. 

 La silla que me detiene
me hace pensar.
No quiero otra cita
que no sean tus manos,
no quiero la música
que no te evoque,
no aspiro más cordón umbilical
que el de tus ojos.
 
Es absurdo ser tan cursi, es
un súbito desliz en mi abstinencia,
la cavidad de un tórax
que no aguarda.
 
Yo aquí, tú en las letras,
en el aura invisible de los cuadros
de maestros renacentistas.
 
Igual no lo sé,
yo te espero en una estación de bus
atestada de poemas
sin sentido,
sin quererlo, sin falta,
esperando que existas.

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