lunes, 7 de septiembre de 2015

PENÉLOPE SIN

Las hembras del lado este
llegan justo a la hora convenida.

 La más grande, la buenota, 
tiene cara de serpiente,
sonrisa fácil, latidos acelerados,
magma en la vagina.
 
Se llama Penélope Sin. Se cuelga
de puentes, tubos, próstatas;
come dormida, viste a la moda,
y su bífida lengua sobresale
del pantalón.
 
Todas esas mamitas se operaron,
compadre,
-tú no digas nada-,
todas son barítonos de carrera,
pero tienen cuerpos de diosas,
la boca grande, caliente,
las nalgas, suaves,
muslos de concreto,
tetas firmes.
 
Todas cobran por adelantado,
todas bailan,
no hay mujer que las iguale,
no hay pantorrillas mejores,
no hay humo clandestino que no fumen,
y todas, sin excepción,
tienen un filo en el paladar,
para circuncidar miedos
y ansiedades.

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