miércoles, 7 de octubre de 2015

Estudio poético de mi madre

En la oscuridad, bajo un piélago virgen,
se encuentran
bordadas y zurcidas,
mi soledad, mi cieno
y mi destino.

En la lona sin muros, larga,
alta y estrecha,
se descubre una silla custodiando
la entrada,
achatada en la frente,
adornada de rezos,
desolada en los polos.
 
En el lino está ella;
el rosario es un nudo de misterios
y glorias,
en la boca marchita
se ha quedado un poema
que dedica a sus deudos.
 
En la urdimbre de seda, las cortinas
se agitan
con el viento a las ocho,
una oración termina,
una visita aguarda,
un termo de café se llena,
dulce y febril. 
 
En retazos, una caja redonda se abre.
Caja de costura,
caja de manos abiertas,
dedos ágiles,
hilo negro ensartado
en la vieja maquina de coser de mi madre.
 
Aún siento su ruido
ensordecedor;
 aún te escucho, madre,
haciendo ojales a mi vida.

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